El Juzgado de lo Mercantil número 3 de Palma ha exonerado una deuda de 24.380,63 euros a una mujer que cayó en insolvencia después de ayudar económicamente a su entonces pareja a montar un negocio que nunca llegó a devolverle lo prometido. La historia, que arranca en 2006, suma impagos, embarazo, abandono y una larga travesía por el desierto financiero que terminó con embargos y llamadas de recobro casi a diario.
La mujer pidió un préstamo para apoyar el proyecto empresarial de su pareja, con el compromiso de que él asumiría las cuotas. No lo hizo. Poco después, ella perdió su empleo y quedó embarazada. Antes del nacimiento del hijo, el hombre abandonó el domicilio familiar y se desentendió por completo de sus responsabilidades económicas y personales.
Sin ingresos, sin pareja y con un embarazo avanzado que le cerraba las puertas del mercado laboral, la mujer recurrió a un préstamo personal y a varias tarjetas de crédito para cubrir lo básico: alquiler, suministros y comida. “Quería salir adelante y pensaba que así se arreglarían las cosas, pero todo empeoró. La bola se hizo muy grande”, recuerda.
El nacimiento del hijo no hizo más que agravar la situación. Los intereses elevados de los créditos y las dificultades para conciliar como madre soltera dispararon la deuda. A ello se sumó el embargo parcial de su nómina cuando, ya con trabajo, afloraron los impagos del préstamo que había solicitado para el negocio de su expareja. “Llegó un punto en que pensé que no saldría nunca”, admite.
Durante años intentó mantenerse a flote enlazando horas extra, fines de semana y festivos. Aun así, el dinero no alcanzaba. “Me daba vergüenza pedir ayuda a mi familia. Pensaba que podía solucionarlo sola, pero acabé con el agua al cuello”, explica. Las llamadas constantes de bancos y empresas de recobro terminaron por pasarle factura: insomnio, ansiedad y la sensación de estar atrapada.
La situación dio un giro cuando, el pasado mes de marzo, un familiar le habló de la posibilidad de acogerse a la Ley de la Segunda Oportunidad. De la mano de Bergadà Abogados, El juzgado consideró acreditado que se trataba de una deudora de buena fe y ha acordado la exoneración total del pasivo insatisfecho.
La notificación judicial llegó en una fecha difícil de olvidar. “Me llamaron para decirme que me habían perdonado la deuda y me puse a llorar. Era mi cumpleaños. Fue el mejor regalo que podía recibir”, relata. “Ahora empiezo de nuevo y, por fin, puedo dormir tranquila”.
La abogada que ha llevado el caso y socia fundadora de Bergadà Abogados, Marta Bergadà, indica que “cada cliente tiene hay una historia personal de esfuerzo y superación. En este caso, hablamos de una madre que se quedó sola durante el embarazo, sin ingresos ni apoyo, y aun así luchó por sacar adelante a su hijo”.
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