La araña permanece ajena a su red

El 27 de mayo será recordado como el día en que Francina Armengol hizo un simulacro de evacuación del Congreso por un incendio… en Ferraz. En esos momentos la UCO llegaba a la sede del PSOE para proceder a un registro… ¡No es un registro!, clamaron Sarah Intxaurrondo y Silvia Santaolalla desde sus respectivos púlpitos, sólo vienen a pedir información. El registro (pues así se calificaba en el auto del juez Pedraz con el que la UCO venía equipada) se alargaría durante más de doce horas, pero en ese tiempo los turlurones socialistas en el Congreso insistieron en que no lo era y en que, además, no se trataba de financiación irregular del partido. No, era mucho peor.

Los delitos que se investigan son organización criminal, cohecho, revelación de secretos, inducción al falso testimonio, acusación falsa, falsedad en documento mercantil, prevaricación, tráfico de influencias y delitos contra las instituciones del Estado. El Juez pretende demostrar la creación de una estructura dedicada a obstaculizar investigaciones policiales o judiciales que pudieran afectar al Gobierno o al PSOE. ¿Organizada por quién?  De momento, el auto coloca al frente a Santos Cerdán, y por debajo de él a Leire Díaz.

Recordemos que en junio de 2024, tras la imputación de su mujer, Pedro publicó una segunda epístola a los ciudadanos. En ella decía que todo era «un zafio montaje impulsado por las asociaciones ultraderechistas». Él sólo pretendía «regenerar la vida democrática reivindicando el juego limpio por encima del fango que algunos pretenden esparcir, y contribuir a la paz en el mundo». Así que un par de días más tarde Leire fue convocada: «Me voy de urgencia a Madrid. Me ha mandado Santos ir. Tenemos información que ayudaría al presidente»

Leire (todo esto presuntamente) cobraba 4.000 € mensuales a través de una empresa vinculada a Gaspar Zarrias, al que Candido Pumpido alivió su condena en el caso EREs, y al que tal vez tenga que volver a aliviar en el futuro. El pagador era El PSOE, cuya gerente ha sido imputada. Entonces no es financiación hacia el PSOE sino desde el PSOE, dirá Rufián, que anda muy atareado en mover líneas rojas para seguir apoyando al Gobierno.

El punto de reunión de la alegre cuadrilla de Leire era la sede del PSOE en Ferraz. Allí mantuvieron hasta 22 reuniones en las que, para «regenerar la vida democrática», «jugar limpio», y luchar contra el «fango», decidían a quién había que amenazar o untar para que proporcionara información comprometedora sobre los fiscales y miembros de las fuerzas de seguridad que se empeñaban en investigar el lado correcto de la historia. Entre los que pretendían silenciar estaba el fiscal Alejandro Luzón, al que hace unos días escuchamos un brillante alegato final en el caso Mascarillas. Y por supuesto el Teniente Coronel Balas, de la UCO. 

Para lograr sus propósitos se dirigieron, por ejemplo, al fiscal Grinda, al que ofrecieron, sin éxito, 300.000 € y una promoción. Y al fiscal Stampa, que los escuchó cortésmente, los grabó y los denunció. También hablaron con el comandante de la Guardia Civil Rubén Villalba Carnerero, agregado en la embajada de España en (vaya por dios) Venezuela hasta que fue investigado en el caso mascarillas; le pidieron información que pudieran usar contra la UCO y el Teniente Coronel Balas.

Obviamente no todos se resistieron a los encantos de Leire. El auto menciona al capitán Juan Sánchez Yepes, antiguo miembro de la UCO y asesor en el gabinete técnico de la Dirección General de la Guardia Civil, al que en una grabación se le escucha decir «todo esto es secreto, estoy cometiendo un delito de revelación de secretos». Porque lo más fácil era portarse mal, y entender esto es necesario para reivindicar a ese grupo de valientes que no se han dejado anegar por la pestilencia de una cloaca que venía directamente desde el poder. Puede decirse que (si salimos de ésta) el estado de derecho habrá sido salvado por un pelotón de guardias civiles, policías, jueces y fiscales honrados.

Entretanto, el juicio de las mascarillas, la trama de Zapatero, los hidrocarburos, los fontaneros del PSOE, y el resto de las tramas dibujan una complejísima telaraña de corrupción en cuyo centro se sienta una araña que se finge sorda, incapaz de percibir las vibraciones que se producen en sus hilos. Procede desalojarla para evitar que prosiga el envenenamiento de nuestra democracia.

Y ojala surgiera alguien con el talento de David Simon y rodara el The wire español. No parece que vaya a ocurrir a corto plazo.

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