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La erótica del poder

jueves 02 de junio de 2022, 05:00h

Hoy, una clienta en una sesión de coaching cabalístico me comentaba la importancia de la erótica del poder dentro de las multinacionales. En general, hay que admitir que es así. Hay que admitir que muchas personas se sienten atraídas por los uniformes, militares, sanitarios… todos aquellos que les dan el poder de dominación hacia las otras personas.

Pero el caso más sangrante que tenemos es el de los políticos de nuestro país y de otros. Muchos de ellos, por estar ahí arriba, dominando la situación, matarían, y el resto de los mortales lo hacen por codearse con ellos.

Por otro lado, está la erótica del dinero. No obstante, esta, aunque pudiera parecer el mismo concepto, difiere del poder en algunos pequeños matices. Es cierto que, aunque gran parte de las personas que tienen poder tienen dinero, no siempre es así.

El poder puede ser dentro de un grupo social, secta, religión, grupo empresarial…Es ese erotismo que ofrece el mandar y el sentirse gobernado, por lo que las personas que se ven enganchadas a tal efecto se vuelven totalmente inconscientes de sus actos, tanto sean las víctimas como los verdugos.

Curiosamente, esa atracción es enfermiza e irremediable y cada día lo vemos en los gabinetes políticos, donde muchos dirigentes no quieren bajarse de su silla por no perder ese estatus que piensan que les pertenece, sin ser conscientes de que, simplemente, les fue prestado.

Parece una paradoja, pero es curioso que no tiene nada que ver con un tipo en concreto de ideología; tanto ocurre en la derecha como en la izquierda, en los demócratas como en los liberales, en los sacerdotes como en las monjas, en los militares como en los médicos, en los CEOS de organizaciones y directivos de alto nivel. Estas personas se identifican tanto con el personaje que han llegado a crear que han llegado a olvidar dónde estaba la persona que hay debajo de tal personaje y quién es realmente.

No son capaces de disociarse del personaje en el que se han convertido, creyendo que es la misma persona que está allí interviniendo en ambas partes, cuando detrás de ese rol, simplemente, hay un hombre o una mujer, una esposa o un esposo, un hijo o una hija, un o una amante, una persona como todas las demás, que sufre por las mismas cosas que el resto.

Es fácil juzgar a las personas que tienen poder, pero, ¿te has parado a pensar cómo actuarías tú en las mismas circunstancias que tales dirigentes? ¿Qué pasaría si una mañana te levantaras con dinero, prestigio, poder, y te vieras rodeado de personas que te admiran y alagan constantemente?

Es posible que te encontraras con la misma dificultad que el resto de los mortales, porque, queridos lectores, para juzgar a alguien, debemos ponernos en sus zapatos. De lo contrario, será difícil hacer una valoración justa de cómo actuaríamos nosotros en dichas condiciones.

Seamos justos con el resto y miremos en nuestro interior, antes de juzgar si nosotros podríamos actuar de la misma manera. Sin temor a equivocarme, afirmaría que en mi caso así sería. Por eso, Dios sabe cómo reparte dichas habilidades para poder contrarrestar en las personas el bien y el mal que podemos llegar a realizar a nuestros iguales.

Y tú, querido lector, ¿de qué lado de la balanza estás?

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