Ya dijo Einstein que el interés compuesto es una de las fuerzas más increibles de la naturaleza. Solo hay que ahorrar y dejarlo actuar.
El interés compuesto, a diferencia del interés simple, es la remuneración del dinero por haberlo ahorrado y no haber retirado los intereses. Así, los intereses se acumulan y generan intereses sobre intereses.
Si ponemos a funcionar esta fórmula, con el paso del tiempo, la acumulación del ahorro inicial y las aportaciones que se hagan crecerán de forma exponencial. Nuestra mente no está preparada para entender dichas magnitudes exponenciales. Es bien conocido el ejemplo del ajedrez y el trigo. Se dice que un rey indio quiso premiar al inventor del ajedrez y le concedió un deseo. El inventor quiso un grano de arena en el primer cuadro del ajedrez, el doble del anterior en el segundo y así sucesivamente. Para cubrir la casilla 64 necesitaba convertir toda la tierra del planeta y los mares, una vez desecados, en plantaciones de trigo.
Aplicado a la economía, el interés compuesto o acumulativo se entenderá con un ejemplo práctico para ver su magnitud:
Si usted deposita 5 euros al día en una cuenta de ahorro con interés compuesto desde los 18 años hasta su jubilación disfrutará de un retiro más que dorado. Fíjese que 5 euros al día es el valor de una cajetilla de tabaco. Una renta de 5 euros al día le darán 1,8 millones de euros para cuando se jubile. Para ello se ha tenido en cuenta una rentabilidad del 10% que es la rentabilidad media de la Bolsa española desde 1991 hasta 2014. Interesante, ¿no?. Einstein no estaba equivocado.






