La ruta de inmigración irregular Argelia-Baleares aumenta un 17 por ciento

La inmigración irregular constituye uno de los mayores desafíos humanitarios, de seguridad y de política exterior a los que se enfrenta España. Sin embargo, mientras el conjunto de la Unión Europea ha logrado reducir un 37 por ciento los cruces fronterizos irregulares durante el primer semestre de 2026 gracias a una mayor cooperación con los países de origen y tránsito, la ruta que une Argelia con Baleares continúa avanzando en dirección contraria. Es, de hecho, la única gran ruta migratoria europea que crece, con un incremento del 17 por ciento de las llegadas, según advirtió el pasado viernes la agencia europea Frontex en un comunicado.

Este dato debería hacer sonar todas las alarmas en el Gobierno de España. Sin embargo, la respuesta sigue siendo insuficiente. Cada nueva patera interceptada frente a las costas baleares representa el fracaso de una política incapaz de actuar sobre el origen del problema. Mientras continúe siendo relativamente sencillo zarpar desde las costas argelinas, las embarcaciones seguirán haciéndose a la mar y las organizaciones criminales seguirán encontrando un negocio extraordinariamente lucrativo.

Cada nueva patera interceptada frente a las costas baleares representa el fracaso de una política incapaz de actuar sobre el origen del problema

Porque no conviene olvidar quiénes son los auténticos beneficiarios de este drama. Las mafias dedicadas al tráfico de seres humanos amasan fortunas explotando la desesperación de miles de personas, principalmente subsaharianas, a las que prometen un futuro mejor embarcándolas en precarias pateras que, en demasiadas ocasiones, terminan convertidas en tumbas flotantes. Cada naufragio demuestra que el Mediterráneo occidental sigue cobrándose un insoportable tributo de vidas humanas.

España tiene la obligación moral de socorrer a quienes llegan a sus costas. Nadie discute el deber humanitario de rescatar, atender y proteger a quienes arriban tras una travesía infernal. Pero la verdadera política humanitaria no termina en el rescate. Empieza mucho antes, evitando que esas personas se vean empujadas a subir a una embarcación condenada al desastre.

Es imprescindible reforzar la cooperación con Argelia, intensificar la lucha contra las redes de traficantes y promover una implicación mucho mayor de la Unión Europea solicitando el despliegue efectivo y real de Frontex. No actuar en origen significa aceptar que las pateras seguirán saliendo, que las mafias seguirán enriqueciéndose y que el Mediterráneo continuará siendo un inmenso cementerio. Esa resignación no puede convertirse en política de Estado.

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