Anuari de l’Envelliment 2025

"La soledad incrementa el riesgo de ictus y hospitalización": retrato del envejecimiento en Baleares

"La soledad incrementa el riesgo de ictus y hospitalización": retrato de un envejecimiento cada vez más vulnerable

El Anuari de l’Envelliment 2025 de Mallorca revela desigualdades y silencios en el envejecimiento, destacando la soledad, problemas de salud mental y la necesidad de una atención centrada en la persona, abogando por políticas inclusivas y dignidad para los mayores.

En Mallorca, el envejecimiento ya no es solo una cuestión demográfica. Durante años, la sociedad ha observado esta etapa de la vida como si fuera un territorio ajeno, una fase lejana que afecta a otros mientras seguimos ocupados en vivir deprisa. El Anuari de l’Envelliment 2025 demuestra lo equivocado de esa mirada y expone una realidad marcada por desigualdades, silencios y tensiones que rara vez ocupan el debate público.

El documento describe un panorama que se aleja de cualquier visión complaciente. Habla de personas que se sienten solas incluso rodeadas de gente; de mujeres que conviven con ansiedad, depresión y dolor crónico sin recibir el apoyo psicológico necesario; de profesionales de residencias que alertan de prácticas normalizadas que limitan la autonomía; de trayectorias de vida atravesadas por la pobreza y la exclusión que no desaparecen con la edad, sino que se intensifican. El anuario no busca escandalizar. Busca explicar una evidencia: cómo se envejece importa, y cómo se llega a la vejez depende en gran parte de lo vivido antes.

El envejecimiento no hace ruido. No reclama espacio. Llega suavemente, casi pidiendo permiso, en una sociedad que insiste en perseguir la eterna juventud. Pero, como recuerda el anuario, es un destino que alcanzamos todos. Y cuando llega, es cuando exigimos cuidados, atención y dignidad.

LAS RESIDENCIAS Y EL ESPEJO INCÓMODO DEL EDADISMO

Uno de los capítulos más reveladores del anuario analiza el edadismo en las residencias públicas de Mallorca desde la perspectiva del propio personal. A través de una formación participativa en los centros de Huialfàs, Son Caulelles, Oms y Sant Miquel, los trabajadores reflexionaron sobre su práctica diaria. Las entrevistas permitieron identificar inquietudes en ámbitos muy concretos: la alimentación, la higiene, las actividades diarias, la relación con las familias y la organización interna de los centros.

El diagnóstico no apunta a grandes negligencias, sino a dinámicas tan arraigadas que cuesta detectarlas. La rutina institucional pesa más que la voluntad individual. Se decide cuándo comer, cuándo ducharse, cuándo participar o descansar, no por preferencias personales, sino por la necesidad de cuadrar turnos y horarios. Es una discriminación suave, casi invisible, pero que erosiona la autonomía día tras día.

centros de dia ancianos residencias

Los profesionales reclaman formación que vaya más allá de la técnica. El anuario insiste en que la mejora del cuidado pasa por revisar la cultura interna de los centros y por situar en el centro la historia y la capacidad de decisión de cada persona. La Atención Centrada en la Persona figura como “modelo de referencia”, pero la aplicación real sigue siendo desigual.

El reto no es solo actualizar protocolos, sino transformar la mirada. “La perspectiva de los profesionales” —así se titula el capítulo— evita señalar culpables concretos. Lo que denuncia es un sistema que ha normalizado un paternalismo que ya no encaja con los derechos de las personas mayores y que necesita una revisión profunda.

LA EPIDEMIA SILENCIOSA DE LA SOLEDAD

Otro de los focos del anuario es la soledad no deseada, definida como “una dimensión de sufrimiento que incide directamente en la salud física y mental”. Los datos son contundentes. La soledad está asociada "a un mayor número de visitas al sistema sanitario, a más hospitalizaciones, a institucionalizaciones y a una reducción de la esperanza y la calidad de vida". También se vincula "a un incremento del riesgo de ictus".

El documento diferencia entre estar solo y sentirse solo. Esta última es la que se enquista: la que puede aparecer en una vivienda, en un piso compartido o incluso en una residencia. La soledad afecta también a personas que mantienen contacto familiar, pero que han perdido su red comunitaria, su rol social o su sentido de pertenencia.

EL envejecimiento de la población está provocando un aumento de la sensación de soledad y abandono

Según el anuario, la soledad actúa como un multiplicador de vulnerabilidad. "Aumenta el riesgo de deterioro cognitivo, síntomas depresivos, angustia, insomnio y fragilidad física". En una vejez cada vez más diversa, esta sensación de aislamiento se repite con demasiada frecuencia.

El documento aboga por abordarla no solo desde los servicios sociales, sino desde la atención primaria, que es donde aparecen las primeras señales. La percepción de aislamiento no debe interpretarse como un rasgo inevitable del envejecimiento, sino como un problema de salud pública.

SALUD MENTAL Y GÉNERO: MUJERES MAYORES ENTRE SILENCIOS Y PASTILLAS

El anuario introduce además una mirada de género que resulta imprescindible para entender la salud mental de las mujeres mayores durante el envejecimiento. El capítulo “Entre silencios i pastillas” describe un conjunto de síntomas que se repiten: ansiedad, depresión, insomnio, fatiga y dolor crónico. No surgen de la nada. Son el resultado de una vida marcada por la carga de cuidados, pérdidas familiares, desigualdades laborales y, en muchos casos, situaciones de violencia o falta de reconocimiento.

El malestar ansioso y depresivo se asocia a alteraciones como la fatiga, el dolor y el insomnio”, señala el documento. Y estos síntomas aumentan el riesgo de aislamiento y empeoran la salud global. A esta situación se suma la tendencia a la sobremedicalización, una respuesta rápida que sustituye al acompañamiento psicológico especializado.

El anuario reclama incorporar la perspectiva de género en la atención psicológica y psiquiátrica a mujeres mayores, que a menudo han vivido décadas sin apoyo emocional ni espacios para expresar su malestar. La salud mental no es un complemento, sino un componente central de un envejecimiento digno.

ENVEJECER DESDE LA VULNERABILIDAD: LA CARGA DE UNA VIDA ENTERA

El anuario también subraya que no todas las personas llegan a la vejez con las mismas oportunidades. Existen trayectorias de vida marcadas por pobreza, exclusión, inestabilidad laboral, adicciones o trastornos psiquiátricos. “No todas las personas mayores tienen el mismo riesgo de envejecimiento”, advierte el documento, que identifica perfiles particularmente expuestos a una vulnerabilidad persistente.

turistas ancianos del imserso. El envejecimiento no afecta de la misma manera a todas las personas mayores

Esta mirada cuestiona la idea de una vejez uniforme. En Baleares, envejecer puede ser una etapa de estabilidad o un momento donde se intensifican problemas arrastrados durante décadas. El anuario insta a las administraciones a diseñar políticas que tengan en cuenta estas diferencias, porque las desigualdades acumuladas no desaparecen con el paso del tiempo.

UN MOSAICO QUE EXIGE UNA NUEVA MIRADA

El Anuari de l’Envelliment 2025 construye un retrato social que interpela a toda la comunidad. La vejez no es un bloque monolítico, sino un conjunto de realidades diversas atravesadas por la soledad, el malestar emocional, la desigualdad y las limitaciones de un sistema de cuidados que necesita actualizarse.

El documento no cae en el alarmismo, pero sí en la claridad. Envejecer requiere cuidados, sí, pero también reconocimiento, escucha y dignidad. Y exige una mirada colectiva que asuma que esta etapa de la vida no es un territorio ajeno, sino un destino común.

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