Según un estudio

El 90 por ciento de los mayores en residencias de Mallorca sufre desnutrición

Un estudio destapa que el 90 por ciento de los mayores de las residencias de Mallorca sufre desnutrición
Imagen de archivo

Un estudio en Mallorca revela que el 90,3% de los mayores en una residencia presenta desnutrición, considerada “una epidemia silenciosa”. La investigación destaca la relación entre desnutrición, sarcopenia y deterioro cognitivo, alertando sobre la necesidad de un abordaje efectivo.

Un estudio presentado en el Anuario del Envejecimiento. Islas Baleares 2025 ha sacudido al sector sociosanitario al revelar una cifra que difícilmente puede dejar indiferente a nadie. Según la investigación llevada a cabo por el médico geriátrico Oriol Miralles, el 90,3 por ciento de los mayores analizados en una residencia de Mallorca presenta algún grado de desnutrición. El propio autor no duda en describir la situación como “una epidemia silenciosa” que las islas deben afrontar sin más demoras.

El trabajo analiza a 72 residentes con una media de edad de 84,3 años. Se han evaluado parámetros físicos, funcionales y clínicos, y el resultado dibuja un escenario preocupante. Dos tercios de las personas afectadas tienen una desnutrición leve o moderada, y casi un tercio presenta un cuadro grave. Aun así, solo una cuarta parte de los casos leves recibe suplementación nutricional, lo que refleja un abordaje insuficiente. Además, la mitad de las personas desnutridas sigue dietas trituradas o adaptadas, un tipo de alimentación que, lejos de mejorar la situación, aparece asociada a un mayor riesgo nutricional.

PRINCIPALES FACTORES

La investigación también relaciona la desnutrición con los diferentes niveles de dependencia funcional. El criterio diagnóstico GLIM evidencia que este problema aparece tanto en grados moderados como graves, y que la frecuencia es elevada en todos los perfiles de dependencia.

Otro factor que agrava el cuadro es la sarcopenia, la pérdida de masa y fuerza muscular que afecta al 97 por ciento de los residentes analizados. De ellos, el 90 por ciento también sufre desnutrición, lo que muestra la estrecha relación entre ambas condiciones y sus efectos en la autonomía, la movilidad y el riesgo de caídas.

El deterioro cognitivo es otro elemento clave. El estudio apunta que el cien por cien de la población examinada tiene afectación mental en algún grado, con una mayoría de casos moderados o graves. A mayor deterioro, mayor riesgo de desnutrición. El fenómeno afecta a casi cuatro de cada diez personas con deterioro moderado y a prácticamente la mitad de quienes se encuentran en un estado grave.

Miralles insiste en que no se puede seguir mirando hacia otro lado. Considera que los datos obligan a reaccionar y a asumir que la desnutrición es un problema real y extendido. “Hasta ahora, mucha ciencia ha querido mostrar solo lo bonito. Toca ser valientes y enseñar también lo que no funciona”, ha señalado durante la presentación del estudio. El médico, coordinador del área sanitaria del IMAS, explica que el equipo ya ha desarrollado un protocolo específico para mejorar el abordaje nutricional en las residencias del organismo.

APARICIÓN DE DISFAGIA

Las causas, subraya, rara vez son simples. La falta de hambre propia de la vejez, la aparición de disfagia vinculada a enfermedades neurodegenerativas o incluso el impacto emocional que provoca ver siempre la comida triturada influyen de forma directa en la alimentación de los mayores. A ello se suma la soledad, la pérdida de apetito por desánimo, la medicación o entornos poco estimulantes.

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