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La UE y el laberinto libio

martes 21 de enero de 2020, 02:00h
El conflicto civil libio, que mantiene al país en una guerra civil a dos bandos principales y algunos secundarios, se ha convertido en una fuente de inestabilidad en el mediterráneo oriental, en un factor desestabilizador de una zona ya suficientemente desestabilizada y en un quebradero de cabeza para la UE, ya que es desde Libia de donde parten la mayoría de inmigrantes ilegales que desean arribar a Europa, sometidos a condiciones de explotación y esclavitud y lanzados al mar en embarcaciones peor que precarias, con la única esperanza de ser rescatados por los barcos de las ONG antes de naufragar y morir o, casi peor, ser capturados por naves guardacostas libias que los retornen al país y a la explotación y tortura de nuevo. Los testimonios de muchos inmigrantes rescatados que afirmaban preferir morir ahogados antes que retornar a Libia son especialmente significativos y sobrecogedores.

Las dos partes principales, enfrentadas tras la liquidación del régimen de Gadafi, y del propio Gadafi, controlan dos partes asimétricas del territorio. El supuesto gobierno legítimo, al menos el reconocido por la ONU, del primer ministro Fayed el Serraj controla la capital Trípoli y una pequeña porción de la parte noroccidental del país. Por su parte, desde Bengasi, el mariscal Jalifa Hafter, controla todo el este y el sur del país.

La guerra está siendo claramente favorable a Hafter, que cuenta con el apoyo de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Rusia, que ha enviado, aunque Putin lo niega, mercenarios a ayudar a sus tropas. El gobierno de Trípoli tiene el apoyo de Qatar y Turquía y Erdogan ya está enviando tropas mercenarias sirias para ayudar en la defensa contra la ofensiva de Hafter. Todas las partes ignoran, por supuesto, el embargo internacional de armas decretado por naciones unidas.

La Unión Europea, como siempre, no tiene una posición homogénea. Aunque oficialmente reconoce al gobierno declarado legítimo y se adhiere al embargo armamentístico, o cierto es que Francia y Grecia apoyan a Hafter e Italia se inclina por el Serraj. Francia y más recientemente Rusia han fracasado en intentos de patrocinar un cese de hostilidades y un proceso de paz.

Ahora hay un principio de acuerdo de alto el fuego patrocinado por Alemania y la ONU, que se alcanzado en Berlín y que ya se verá cómo evoluciona. La estabilidad de Libia es del máximo interés para Europa, pero la UE adolece de una política exterior común y debe primero llegar a un acuerdo interno entre los países miembros, a fin de poder convertirse en un actor que pueda auspiciar un proceso de paz exitoso y duradero.

Y ahí está su propia debilidad. Italia tiene intereses petroleros y quiere detener el flujo de inmigrantes que le afecta directamente. Francia también tiene intereses petroleros, en la parte contraria. Grecia está con Hafter porque Turquía tiene un acuerdo con el Serraj para realizar prospecciones en aguas que Atenas considera propias. Y mientras Europa no sea capaz de hablar con una sola voz, Turquía, Qatar, Rusia, Egipto y los Emiratos Árabes seguirán apoyando a sus respectivos bandos, movidos por sus propios intereses y la guerra y la inestabilidad se cronificarán sin remedio.

La UE estará perdida en el laberinto libio mientras no sea capaz de conseguir un alto el fuego y un proceso de paz creíbles y que debe estar dispuesta a impulsar y dirigir, incluyendo, si llega el caso, el envío de una misión de supervisión, control y pacificación civil y militar, que contara con la aprobación de la ONU. Sería la primera vez que la UE, como tal, enviara una misión militar fuera de sus fronteras, lo que podría ser un paso decisivo en la configuración de una política común exterior y de seguridad, aunque también es cierto que podría empantanarse en el laberinto y sin hilo de Ariadna que le ayude a encontrar la salida.

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