Maldita sea mi estampa. Un año más me ha tocado seguir la entrega de premios Ramón Llull y medallas de la Comunidad que otorga el Gobierno balear... He visto cursilerías, pero lo de este año ha batido todas las marcas. El monólogo de la actriz Agnès Llobet que sirvió para abrir el acto ha sido... Nada que decir de ella y de su puesta en escena, salvó lo mejor que pudo un texto empalagoso, progre de chicle y repleto de tópicos que harían sonrojar hasta a Heidi. ¿Pero quién coño le ha escrito a la pobre semejante atrocidad? Agnès demostró ser una profesional de altura. Hay que tener ovarios para defender un texto insalvable y salir airosa del lance, un poco histriónica y sobreactuada, pero eso se disculpa cuando estás sola en un escenario tan grande. Ante ella me quito el sombrero. Tuve la sensación lisérgica de que aquello era un aquelarre jipi, como si hubieran repartido tripis a los niños de la familia Von Trapp. Se los comen como ricolas y luego andan desvariando por los Alpes, ven volar a la vaca de Milka y entonan canciones de Antònia Font en plan tirolés.
Como se me disparan los triglicéridos me voy a ahorrar algunas chorradas del guión. De verdad, punto. No me voy a sulfurar. Pero del discursito de Armengol... Joder, fue más duro que regalar caballo en la puerta de un colegio de monjas. Hay tres cosas que nunca fallan en un discurso de nuestra presidenta: su rotunda erre palatal; el parecer que está al borde del llanto cuando ladea la cabeza al hablar; y la repetición hasta el hartazgo de la palabra diálogo. Alguien debería decirle a Francina que lo de repetir la milonga del diálogo no la hace más demócrata, y que aparentar compungida no le da mayor profundidad a su discurso. Armengol nos contó una historia fantástica de unas Islas Baleares felices, ecológicas, feministas, sin corrupción, en la que le faltó decir que lloverían billetes de quinientos euros. Esa utopía solo será posible con ella al timón, claro. La presidenta confunde —en ella es costumbre—, como muchos políticos, lo que es un acto institucional con un mitin electoral. Por cierto, si algún periodista de los varios miles que trabajan en la maquinaria de agit-prop del Gobierno balear lee estas líneas, no estaría mal que recordara que él o ella también fue un paria que escribía noticias. Los discursos oficiales se suelen enviar a los medios por adelantado y quedan «embargados», vamos, que no se publican hasta la hora indicada. Es práctica común que facilita el trabajo. Aunque claro, para la poca chicha que había que embargar... Armengol metida a pitonisa, madre mía.
El juez Castro, que pasaba por allí, también tuvo unas palabritas. Reconozco que estuvo gracioso, el hombre, muy metido en su papel de abuelo yayoflauta. A ver si de una puñetera vez se decide e ingresa en Podemos.
Tras el esperpento del sarao cursi-rojuno de los premios he oído muy poco, o nada, por parte de Ciudadanos y del Partido Popular. Debería sorprenderme, pero no es así, la callada de los populares, que fueron a la gala a ser humillados y apaleados de forma reiterada. Company & company, no os enteráis: que no se puede ir de bueno por la vida; que os dan hostias hasta en la foto de la primera comunión; que os mean en la espalda y dicen que llueve... Han arremetido por mucho menos contra Balti, el presidente del Parlamento, que también ha meado fuera del tiesto con su discurso institucional. Pero no es a él al que hay que darle. A Francina apenas le han soltado unas palabritas después del chorreo de la gala de los premios. Tampoco digo que haga falta ponerse en modo ángel exterminador, pero un poco de orgullo cuando te tocan es lo mínimo que se puede pedir. Tanto miedo, hostias, ni que Armengol fuera el puto Mazinger Z. Anda, que así vais a ganar las elecciones.
Dejemos el tema... el esperpento de la semana llega patrocinado por la UIB. Mi amigo Haz González se ha ido a Madrid a estudiar Bellas Artes, la ilusión de su vida. Estoy por decirle «Haz, deja de perder el tiempo y vente pa’cá, que ahí no haces nada». La diferencia entre lo genial y lo extravagante en ocasiones es mínima. La frontera que separa lo extravagante de la tomadura de pelo suele ser inexistente. Veo la fotografía en la prensa y me quedo atónito. He visto mierdas de categoría planetaria y me suelo reír de cuando un artista le toma el pelo a la gente. Aun así, inclino la cabeza, observo el engendro y me digo: «esto tiene que ser una puta broma». Leo el primer párrafo de la noticia: «El artista de Felanitx Miquel Barceló ha diseñado un logotipo, un anzuelo "para sacar a la superficie el conocimiento y la innovación científicos", con motivo del cuarenta aniversario de la Universitat de les Illes Balears (UIB)». Sí, parece un anzuelo de pescar calamares, o una palmera bocabajo, o una polla con cuatro pelos pergeñada por un crío a escondidas de la profesora. Barceló lo ha vuelto a hacer, demuestra que cuando quiere nos encasqueta una ful de Estambul. El tipo sabe, es bueno, tan bueno como un cachondo de categoría. Espero que eso de tangar a los de la UIB nos haya salido gratis, porque cobrar por esa boñiga es más feo que pegarle un tirón al bolso de una vieja al salir de misa. La mejor hipótesis del porqué de Barceló pintarrajeando pollas en folios me la ha dado mi amigo Valentín Mendoza: «a ver, a lo mejor le dijeron... tienes un BIC cristal y 15 segundos... Y claro, así se entiende».
Otra que se ha marcado un golazo por toda la escuadra es nuestra consellera de Cultura, Participación y Deportes, la ibicenca Fanny Tur, esa ciudadana del mundo que en su cuenta de Twitter dice que es de los PPCC —Països Catalans, por si no lo pillan—. Por lo visto en los PPCC puedes contratar a los cargos directivos públicos como te salga del mondongo. Cualquiera que haya tenido una mínima experiencia en la Administración pública sabe que no se puede cubrir plaza alguna si no está provisionada, si no cuenta con un informe técnico que no sólo justifique su existencia, sino que, además, habilite la partida presupuestaria para cubrir la nómina. Es fácil: no hay pasta, no hay plaza. Pero a Tur eso le da igual, ya que sin informe favorable ha tenido cuatro meses trabajando a Jaume Ordines como director gerente del Consorcio del Velódromo Palma Arena. Así, porque «yo lo valgo». Tur se marcado un Echenique en toda regla, un contrato en negro que debería ser investigado. ¿Quién y cómo se ha pagado la nómina de Ordines? Me cuesta creer que haya currado por la cara. Y aunque fuera un tipo voluntarioso, simplemente no puede. ¿Le va a mandar el conseller de Trabajo Iago Negueruela una inspección a Tur, va a mover un dedito Jaume Far de la Oficina anticorrupción? Así va la cosa, de darle patadas a los presupuestos y a las normas. Me apostaría un menú del burriquín a que esto va de una política que quiere contratar a un tipo y se pasa por dónde le viene en gana los informes de los técnicos, del personal de recursos humanos y del ujier del Palma Arena —que lleva mucha mili y sabe de lo que habla— que le dicen que no, «que no puede ser, Antoñita, no seas tan fantástica que nos vas a meter en un lío». Y Antoñita, erre que erre: «que me han votao, joer, no voy a poder yo hacer lo que me dé la gana».
El conseller que está de enhorabuena es Martí March, el jefaso de educación. Ha visto como se ha inaugurado la nueva sede la Consellería, sí señor es bueno tener un sitio para trabajar. Y oigan, que es de ladrillo y eso, nada de barracones prefabricados como los que ahora van a utilizar para construir escuelas porque lo han visto en Barcelona y se han quedado patidifusos de emoción. Que lo que hagan en la metrópoli de los PPCC bien hecho está, eso no se discute. Lo de las escuelas barracones no me lo invento, les recuerdo que lo anunció el 18 de febrero Antonio Morante, director de Centros de Consellería de Educación. Tal vez los acaban necesitando para acomodar a los asesores de la Consellería, que si es cierto lo que asegura Ciudadanos pueden ser 100 o 300, nadie lo sabe. Eso es como que te envíen a galeras y haya diez tíos dándole al tambor y tú, solo, remando.
Ya que estamos con temas de educación... ¿Se acuerdan de Jaume Sastre? Sí, el sindicalista del STEI que se puso en huelga de hambre contra el TIL de José Ramón Bauzá. Sí, el que luego se montó el sindicato UOB, que viene a ser la costilla de Adán del STEI y que deja a los camisetas verdes como españolistas. Sí, el tipo al que, para bochorno de todos los mallorquines, enviaron como representante de Sa Nostra a negociar con BMN y nos lo devolvieron al tiempo que pedían que les mandáramos a uno «que sepa de verdad». Sastre monta otra de sus boutades nazi-indepes y se va a Barcelona a rememorar tiempos biafreños para ponerse en huelga de hambre tres días por los «presos políticos». Joder, Jaume, tú y yo somos iguales, no adelgazamos ni dejando de comer. Pero cuidado con la anorexia que es muy mala. Al principio se te pondrá un tipín pal verano que la próxima vez que vayas a la piscina de Pedro J. te van a sacar en el Hola, así en plan folclórica enseñando el casoplón de Miami. Pero luego te vas consumiendo, te quedas en nada y te puede dar algo. Al loro con eso de las dietas yoyó.
No quiero cerrar la columna de esta semana sin un breve apunte relacionado con la literatura. Se han divulgado los datos sobre la publicación de libros en España. Me preocupa que la edición en Baleares haya caído el 14,2 por ciento. Es cierto que en el conjunto de España se editan demasiados libros. Yo no diría demasiados —nunca lo son—, pero sí muchos. Que en las Islas la cosa se hunda cuando somos cuatro gatos los locos que aún nos metemos en el disparate de publicar en papel da que pensar. No es una buena noticia. Aunque claro, también hay mucho gilipollas metido a editor. Leo que dos editoriales catalanas van a quitar la página 155 de sus libros como protesta por el estado opresor y bla, bla, bla. Pueden quitar la 13 para los supersticiosos, la 69 por guarra, la 88 por nazi —la hache es la octava letra del alfabeto, dos haches son HH, Heil Hitler—, la 666 por satánica y la 294 porque es un número que me cae mal desde que era pequeño. Es más, por la puta mierda que seguro publican les animo a poner a la venta solo las tapas del libro, sin páginas molestas, ni ladrillos insoportables de escritores pedantes. Que en las cubiertas pongan el título, la sinopsis y tira millas.
Y ya, para acabar, debo dedicar unas palabras a Enrique Castro, el gran Quini. Nos ha dejado, se ha reunido con su hermano Jesús. Los dos eran tipos de pecho-cemento, tíos currantes, bonachones, señores de verdad. Los dos hicieron carrera en el fútbol. Jesús murió ahogado, extenuado, incapaz de mantenerse a flote después de salvar a dos niños que se hundían en el mar. Quini perdonó a los delincuentes que lo secuestraron y renunció a cobrar cualquier indemnización. Dos asturianos nobles del copón. Nunca he sido futbolero, pero recuerdo con nostalgia los cromos de mi infancia, de aquellos aguerridos jugadores con patillas, despeinados, con camisetas ceñidas, trabajadores que se dejaban los huevos en el césped. Eran tan diferentes a los niñatos de hoy. Había tantas cosas diferentes. Les hablaría de ellas, pero esa es otra historia...





