El lado descerebrado de la historia

La woke antisemita Susan Sarandon afirmó esta semana que Pedro Sánchez está en el lado correcto de la historia. Ambos actores participaron en la ceremonia de entrega de los Premios Goya 2026, aquelarre progre donde los haya, en el que lo más florido del cine español rinde justo y jabonoso tributo a quienes los mantienen a base de subvenciones.

El lado correcto es, según el matrimonio político Sarandon-Sánchez, el que evita condenar dictaduras salvajes y criminales como Cuba, Nicaragua, Venezuela o Irán y, en cambio, está muy preocupado por el escrupuloso cumplimiento del derecho internacional por parte de las democracias parlamentarias occidentales, aunque con ello se proteja a sátrapas.

La postura del gobierno español con relación a Irán parece dictada desde Pekín. De hecho, hoy mismo, Xi Jimping ha mostrado su apoyo a Sánchez por su postura en el conflicto, evidenciando una vez más la deriva del entorno sanchista hacia una alianza estratégica con el principal enemigo político de Occidente -la dictadura comunista china- mientras se desaíra a nuestros tradicionales aliados.

Largo Caballero y Negrín trataron de vender España a la URSS. Sánchez y Zapatero -con enormes intereses económicos allí-, tratan de hacerlo a China.

Donald Trump, lo tengo escrito repetidamente, es un personaje complicado, impulsivo y a veces difícil de prever, pero representa a nuestro principal aliado en la defensa, al que más esfuerzo económico y militar asume, nuestro socio mayoritario en la OTAN frente a Rusia y el islamismo.

Condenar los ataques de Israel y EEUU contra el inmundo régimen de los Ayatolás cuando se ha callado ominosamente durante años en los que Cuba, Venezuela o Irán no solo han masacrado a sus respectivos pueblos, sino que han financiado el terrorismo que nos golpeaba con insistencia, no es estar en el lado correcto de la historia, es no tener absolutamente nada en la sesera.  

A Sánchez no le importa lo más mínimo usarnos como rehenes de su política antiparlamentaria y autocrática si cree que eso le sirve a sus intereses domésticos, es decir, para tratar de conservar la silla. El precio es, empero, cada vez más alto.

Mientras tanto, Marruecos -que tiene pillado a Sánchez por sus partes más sensibles- se frota las manos ante la perspectiva de sustituir a España como principal aliado militar en el flanco sur europeo. Tener bases en Morón o en Rota, o en Tánger o Nador no es muy distinto. Y el gobierno marroquí no odia a los estadounidenses.

Por su parte, la cobarde, desnortada e intrascendente Europa trata de que el conflicto entre España y EEUU e Israel no vaya más allá de un berrinche puntual. Lo cierto es que mientras el lince de José Manuel Albares afirmaba que aquí no iba a pasar nada, vaya si ha pasado. Y esto no acabará aquí.

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