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Lo que el social comunismo se llevó

miércoles 17 de junio de 2020, 06:00h

Tal parece que la película “Lo que el viento se llevó”, junto con la coletilla “…y lo que el culo no aguantó”, tiene un cariz racista, empero gozar de la presencia de la primera mujer negra que obtuvo el Oscar. A partir de tal consideración surgida de la progresía estadounidense, la plataforma que la tenía en su lista, la ha eliminado. Es decir, que el social comunismo imperante, el que hace uso de todos los recursos retóricos, como nazi, xenófobo, racista, homófobo, islamófobo, etc., está logrando que nos gobierne la intolerancia, el irracionalismo y, por encima de todo, el pensamiento único. Es el retorno, mediante tales etiquetas, a aquella “emocracia” que conceptuó B. Russell en la Alemania que aguardaba el nazismo, como síntoma de la necesidad de no ofender. “Lo que el viento se llevó”, ofende, dicen, por lo tanto, debe ser eliminado, para con tal pretensión incluir una exigencia a favor de quienes reclaman estar oprimidos o incluso marginados, aunque ello sea pura ficción, creada a conveniencia y en búsqueda de un victimismo propiciador de una “discriminación positiva”.

Es decir, el viento se ha llevado la veracidad, el don de la moralidad, el razonamiento argumental, arrasado todo ello por unos adjetivos utilizados como gritos de una superioridad ética, cultural, argumental. No se puede ofender, pero sí ser ofendido. Se lee que el problema que acucia a occidente es la culpa, una responsabilidad constante y reiterativa, que nos impulsa a pensar todos por un igual. Ya no está permitido ni la diversidad, ni la libertad de pensamiento, ni mucho menos, de opinión. Todo lo anterior se lo está llevando el viento de la progresía socio comunista.

Esta no respeta ni el arte, ni la superación, ni la supervivencia. Para la izquierda de este siglo lo primordial es ganar la batalla cultural y desde su altar conservar la victoria. Y para ello está dispuesta a que “su viento” se lleve todo cuanto se oponga a esa supremacía. La derecha únicamente tiene consentido “estar”, ni tan siquiera “ser”, ella, la izquierda es la única con derecho a existir en plenitud.

Y mientras sopla el viento del social comunismo, millones de inversión extranjera huyen de España. Aquellos seres con lenguaje de las bestias son llamados con una sonrisa. La libertad de información, los portales de transparencia se cierran a golpe de ráfaga. El derecho a la libertad de elección de educación que amparaba a los padres se esfuma. El derecho a los escraches solamente está permitido contra los fachas, fascistas, franquistas, homófobos y demás, la reciprocidad se ha venteado.

La policía patriótica ha sido oreada por antipatriótica o sea pro-legalidad.

El derecho a conocer el número de fallecidos por el virus está guardado en un cajón del cual se ha tirado la llave.

El derecho a conocer la verdad se lo ha llevado el viento de la demagogia, de la mentira, de la falsedad. No hay más verdad que la oficial, mientras que la otra, la que no comulga con ella es pura ficción.

El viento se ha llevado consigo la fe en la justicia. El juez bueno es aquel que sigue las directrices de la Fiscalía General del gobierno o de la Abogacía del gobierno antes del Estado. El malo, obviamente, es el que no mira a derecha ni izquierda sino a la ley y la aplica.

El viento también está a punto de llevarse por delante al sexo. Una ley fijará que únicamente existe el “género”, mientras que el sexo, la identidad sexual, la orientación sexual, no forman parte de la naturaleza biológica del ser, sino que son fruto de no se sabe que albañil que las va construyendo con el transcurrir de la vida. El problema se halla en que, si no existe el sexo biológico, como pretende la izquierda que nos gobierna con la Ley de la infancia, de la libertad sexual, la mujer ya no es un hecho biológico, sino un simple género que puede ser adquirido por todo ser humano, con lo cual la mujer puede ser borrada como tal. El maltratador, declarándose mujer, ya lo tiene todo resuelto. Fulmina su presunción de culpabilidad.

Todo lo anterior siendo malo, no es lo peor. Lo verdaderamente nefasto es que, amparándose en la muerte de miles de españoles, el gobierno social comunista ha deteriorado a soplos de Orden Ministerial la libertad, el derecho, el honor, el trabajo, la familia, la libertad religiosa, a la empresa, convirtiendo a la sociedad en una manada de corderos que se conforman con poder ir a la barra a tomar una caña. Tal ansia no se la ha llevado el viento, sino que la está impulsando como señuelo del estado de bienestar que el aura del comunismo siempre acaba por donde acampa. Y España no puede ser menos.

Estamos viviendo la neoinquisición, que implica la persecución del contrario, la censura de lo adverso y la búsqueda de la decadencia cultural del occidente hasta ahora conocido. Es la nueva normalidad que nos conduce al Nuevo Orden Mundial amado por mentes tan nefastas como las de Zapatero y demás conmilitones de tenencia.

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