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Los pecados de la carne

sábado 10 de julio de 2021, 09:27h

El ministro Garzón, en su papel de dietista, se ha metido en un jardín. En un laberíntico jardín de corte anglosajón de los que estaban en boga en la Inglaterra del siglo XIX y de los que se salía con dificultad. Vaya, que ha montado un lío que nada tiene que envidiar a los que provocan los actores cuando pierden el hilo de su papel, inventan el texto y ponen en un aprieto al resto de figurantes; lapsus que, de hecho, ha dado origen a la propia expresión, “meterse en un jardín”.

La recomendación de reducir la ingesta de carne ha sonado estrafalaria, en su pose, insustancial en su argumentación. El hilo lo han seguido, para criticarlo, varios ministros del ala socialista del gobierno radical y el propio presidente Sánchez. Tumultuoso e innecesario ejercicio de descrédito y poco edificante espectáculo.

Las civilizaciones primitivas se consolidaron y desarrollaron cuando domesticaron a los animales y crearon la ganadería. La carne es uno de los ingredientes principales de nuestra dieta y forma parte de los platos más jugosos, saludables y nutritivos. Comer carne de calidad y en cantidades adecuadas tiene más bien ventajas.

La puesta en escena del titular de consumo no se puede atribuir a la improvisación. Es fruto de una producción multimedia colgada en la red con argumentaciones infundadas y en algunos momentos hilarantes.

Una mirada distinta, atractiva, medioambientalmente respetuosa y necesaria, relacionada con nuestros hábitos tiene que realizarse desde el rigor. Se puede, se debe hacer política con fundamento, con sentido de estado y no con risibles afirmaciones fuera de contexto que abocan al descredito institucional.

Las aportaciones realizadas por del ministro comunista están resultando más bien insustanciales. Callar no siempre es la peor acción, si bien es verdad que adquirir notoriedad por los excesos verbales en una permanente jaula de grillos gubernamental no está al alcance de todos.

Si le preocupa la mejora de los hábitos de vida de los ciudadanos queda mucho trabajo por hacer. Si su inquietud viene derivada de la loable voluntad de mejorar la salud del medioambiente estamos huérfanos de iniciativas sólidas, creíbles y realistas que aporten valor.

Si su desasosiego va orientado directamente a la reducción de michelines, puede centrarse en adelgazar la elefantiásica estructura propagandística de la Moncloa y al inoperante y multitudinario Consejo de Ministros, al que, por su inoportuna, prescindible y desacertada intervención, puede haber contribuido. Para el Presidente, el peor pecado de la carne, es la discrepancia.

Buen finde.

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