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Los resultados silenciosos

viernes 14 de enero de 2022, 09:39h

Estos días los centros educativos están enfrascados en el análisis de los resultados académicos de la primera evaluación. Porcentajes de alumnos aprobados, suspendidos. Comparativas con respecto al curso anterior. Un sinfín de datos que, en algunos casos, evidencian nuevamente las consecuencias atroces de una pandemia que nos ha tirado por los suelos.

Pero, en pocos análisis, se verán las consecuencias de unos resultados que yo quiero denominar silenciosos porque son muy difíciles de ver a menos que dispongas de ese sexto sentido o hayas tenido que gestionar las consecuencias de ellos. Y esto se suma en el tiempo en el que por las redes sociales empiezan a circular infografías con estadísticas comparando el número de jóvenes muertos a consecuencia del COVID y número de jóvenes que fallecen por suicidio o algunas otras conductas autolesivas.

Y esto es a lo que me estoy refiriendo. Estos son los resultados silenciosos del COVID, resultados que no se ven pero que influyen en el resultado académico del alumno. En los centros educativos empiezan a aumentar el número de casos de alumnos con riesgos autolíticos, aumentan los casos de absentismo intermitente y crónico, aumentan el número de casos de absentismo y abandono escolar por desmotivación.

Si hace unos años con la aparición de la crisis económica decíamos que el mundo no sólo estaba viviendo una catarsis económica, sino también social y de valores, ahora estamos aumentando la incidencia de entonces. Y el sistema educativo tiene que dar una respuesta una esta situación. Básicamente porque en el sistema educativo subyace una responsabilidad social a la que dar respuesta.

Necesitamos que el sistema redirija la mirada y se planteen objetivos a corto, medio y largo plazo para fortalecer al sistema de las herramientas adecuadas para seguir avanzando en el camino del progreso y la mejora de los resultados académicos de nuestros alumnos.

Y esto no se puede suplir con abrir la manga y que, por ejemplo, apruebe todo el mundo o con rebajar los contenidos curriculares. Esto pasa por remangarse y trabajar para planificar qué necesitamos y dónde lo necesitamos. De esta manera estaremos cumpliendo con el principio de equidad educativa. Dar a cada alumno lo que necesita en cada momento.

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