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Malos tiempos para la democracia

martes 04 de agosto de 2020, 03:00h

No soplan buenos vientos para la democracia en el mundo. No me refiero a aquellos países que ya sabemos que no son democracias ni lo pretenden, como China o Cuba, o sí lo pretenden pero no consiguen disimular su naturaleza autocrática con ciertos elementos de democracia formal, que no bastan para homologarlos, como Rusia o Turquía.

El país otomano es de hecho un buen ejemplo de como un estado democrático, con ciertas carencias pero democrático, puede ir derivando hacia una cuasidictadura aprovechando los resortes de la democracia para ir minándolos desde dentro. La conversión de la Turquía democrática y laica en una república islamista propiciada por Erdogan parece ya inevitable, una vez que se ha hecho con todos los resortes del poder, ha aniquilado a la oposición, ha eliminado la auténtica separación de poderes y está acabando con el puntal básico de la república creada por Attaturk, el laicismo, introduciendo cada vez más preceptos islámicos en la legislación. La conversión de nuevo de Santa Sofía en mezquita es un ejemplo que habla bien a las claras de la voluntad de Erdogan de convertir a Turquía en un país oficialmente islámico.

En Sudamérica, en algunos países, se ha utilizado sin ningún recato ni vergüenza al poder judicial para destituir presidentes y facilitar la llegada al poder
de populistas reaccionarios, como en Brasil, donde por un tecnicismo contable el tribunal supremo destituyó a Dilma Rousseff y la sustituyó por su vicepresidente, que participó activamente en la maniobra parlamentaria que consumó la infamia, siendo así que dicho vicepresidente, Temer, es como se ha demostrado, un corrupto
indecente. Y para rematar la faena prohibieron presentarse a las nuevas elecciones a Lula, también por acusaciones que no se sostenían, con lo que allanaron el camino a la llegada a la presidencia de Bolsonaro, ultraderechista, populista y declarado admirador de la dictadura militar de Brasil que provocó miles de
muertos y llevo al país a la ruina entre los años sesenta y ochenta del año pasado.

Y cosas similares están pasando en Bolivia y en Ecuador. Por otra parte, en otros países hispanoamericanos hay regímenes manifiestamente antidemocráticos que dicen ser de izquierdas y que están sumiendo a sus ciudadanos en la miseria y la desesperación, como Venezuela o Nicaragua y que son incapacesde dar una
solución democrática a las necesidades de sus compatriotas, incapacidad de la que participa la oposición, sobre todo en Venezuela, donde no se sabe quién lo hace
peor, si el gobierno o sus detractores. Pero también en la Unión Europea, un club que se supone se basa en la democracia liberal parlamentaria con separación de poderes, se están produciendo tendencias muy preocupantes, sobre todo en Polonia, donde el gobierno controla el poder judicial, lo que en la práctica liquida el derecho de los ciudadanos a la tutela judicial efectiva y la separación de poderes y en Hungría, donde el presidente Orban está siguiendo una trayectoria similar a la Erdogan en Turquía aunque, claro está, sin el componente islamista.

Y lo que nos faltaba, en el país que se supone que es el máximo defensor de la democracia liberal, los Estados Unidos, otro individuo populista y con escaso hábito democrático como el presidente Trump está proponiendo aplazar las elecciones presidenciales de noviembre, porque dice no confiar en el voto por correo, que se prevé será masivo, en algunos estados de hecho obligatorio, debido a la epidemia de la covid-19. Aunque parece haber rectificado en parte, lo que es muy típico del personaje, que es capaz de decir una cosa y su contraria con horas de diferencia sin pestañear ni enrojecer, no es descartable que esté preparando la estrategia para quedarse en el poder ilegítimamente en caso de perder la elección, como están pronosticando todas las encuestas.

Por desgracia la epidemia de covid-19 y la catastrófica crisis económica que está provocando van a ser un caldo de cultivo de desesperación y resentimiento en muchos ciudadanos, que van a ser receptivos a los mensajes populistas, simplistas y falsos de los políticos y partidos de ultraderecha, un fenómeno que ya viene produciéndose desde hace unos años y que puede verse reforzado en el futuro próximo. La llegada al poder de estos partidos o individuos suele ser un desastre, como ya se ha visto en el caso de Austria e Italia, y en el caso de Trump y Bolsonaro, pero no es descartable, más bien es muy probable, que siga repitiéndose en otros países, incluso en esos mismos.

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