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Beatriz Cárcamo o un viaje hacia las huellas del interior
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Beatriz Cárcamo o un viaje hacia las huellas del interior

Tras el paréntesis de Semana Santa, hoy paramos en el barrio de Santa Catalina, donde nuestra protagonista se instaló hace poco más de un año, prácticamente al tiempo en que se iniciaba el confinamiento por el estado de alarma.

Nos abre la puerta y nos invita a pasar a una sala donde hay un sofá, unas mesas de trabajo y unos ventanales desde donde se divisa la concurrida plaza Progreso. Sobre una de las paredes me llama la atención, semicírculos efectuados con carboncillo, gestos, líneas y sobre eso voy a formular la primera pregunta. Ella me mira y me sale al paso…

Es uno de los trabajos que hice durante el confinamiento. Una manera de dibujar con el cuerpo adherido a la pared, de espaldas o de frente prácticamente sin visión y con los brazos estirados, con unos carboncillos entre los dedos haces un gesto circular, cambias de postura y otro gesto y así bajas el cuerpo flexionando las rodillas y otro movimiento, líneas curvas que van evolucionando hasta que queda lo que estás viendo.

Beatriz Cárcamo Bravo nace el 12 marzo 1965 en un hogar cercano a la Casa de Campo de Madrid. Hija de Ramón natural de Madrid de profesión arquitecto y de Lucinda, natural de Cantabria, de profesión cosedora. Beatriz tiene dos hermanas menores.

De niña quería ser como mi padre, me atraía su mesa de trabajo en el despacho, incluso le copiaba la firma. ¡De mayor quiero ser arquitecto!, me decía a misma.

Mi padre me enseñaba a fijarme en los objetos, en las cosas, en los materiales. En la calle me orientaba a captar y a memorizar las distancias, por donde se pone el sol, por donde se esconde, las proporciones, a hacer líneas rectas y círculos que practicaba durante horas. Siempre agradeceré esas lecciones.

Mi madre me llevaba a ver telas. Recuerdo que desde muy niña aprendí a ser observadora, a fijarme en la técnica, no me perdía detalle de aquellas visitas. Pero en aquel tiempo yo también tenía el carácter algo tímido y pasaba muchas horas enredada en tareas, sin salir de casa.

Mis padres nos inculcaron a mis hermanas y a mí, el amor por la naturaleza y en muchas ocasiones nos íbamos de excursión por ejemplo a La Pedriza en la Sierra de Guadarrama. Nos llevábamos la comida preparada y pasábamos el día recorriendo esos paisajes de grandes rocas, arroyos y praderas. En épocas de vacaciones marchábamos más al norte, a la casa familiar en Bejes en el Valle de Liébana. Mi abuela era una enamorada de los animales y con ella y con las tías, recogíamos el queso que allí hay costumbre de curar en las cuevas. El olor de aquellos lugares te queda en la piel y en la memoria.

Bejes pertenece al municipio de Cillorigo de Liébana y se le conoce por su producción de leche para la fabricación del Queso Picón Bejes-Treviso con Denominación de Origen y por sus corderos lechazos que pastan en las montañas del Parque Nacional de los Picos de Europa.

Recuerdo de una reflexión de sabios.

…en tono burlesco los abuelos repetían una frase; “nunca te cases con un gallego”. Debí haberles hecho caso.

¿Qué tal fue su época de estudiante?

Tras acabar el bachiller no opté al COU, no tuve acceso a la Universidad y no hice Bellas Artes. Mi madre quiso que cursase Artes y Oficios y me inscribió en la Escuela de Arte Francisco Alcántara - Cerámica. Allí encontré gente que pensaba como yo y pude compartir pensamientos, cosa que en el colegio era inimaginable, ahora tendría la oportunidad. Me aficioné y me acostumbre a visitar museos. Cuando pienso en aquellas lecciones y consejos te das cuenta de que fuera de las enseñanzas académicas establecidas, también hay mucho que aprender.

Mi primera exposición fue de cerámicas en una sala institucional del Ministerio de Agricultura y Pesca, patrocinada por la Escuela de Cerámica.

Hasta los veintidós años vive en Madrid y a esa edad, como Técnico Superior de artes plásticas y diseño en cerámica por la Escuela de Arte de la Moncloa, viaja a Barcelona donde asiste a clases en la Escola del Vidre. Reside en la capital catalana hasta los veinticinco años.

En 1993 va a Mallorca para visitar a unos amigos de la adolescencia.

Y me gustó tanto que me establecí en la isla.

Hice mi primera exposición en Mallorca en 1995 en la Galería Bennàssar de Pollensa, donde presenté una colección de obras expresionistas.

En los talleres de la Fundación Miró asistí a técnicas de grabado, estampación y fotografía y al igual que en otras ciudades en las que he vivido impartí clases de cerámica y pintura.

¿Qué espacio ocupa la enseñanza en su carrera profesional?

Me gusta la enseñanza, trasmitir, compartir, sacar el potencial de cada uno. Importar enseñanzas del modelo de Betty Edwards, técnicas de cómo desarrollar la parte derecha del cerebro son herramientas que resultan muy útiles en las clases. Es apostar por el uso de la visualización y la percepción.

El método de la investigadora estadounidense Betty Edwards se basa en su comprensión de la neurociencia, especialmente por sus estudios sobre el hemisferio cerebral y se recoge en la publicación de 1979; “Dibujar con el lado derecho del cerebro”. Un libro que ha sido y sigue siendo referencia en métodos docentes para enseñar a dibujar. Algunas de sus teorías se adentran en la función cerebral y abogan por suprimir la percepción verbal y analítica y potenciar la percepción visual. Ignorar dice, nociones que se hayan preconcebido de cómo debiera ser el elemento u objeto que vamos a dibujar y aprender a ver individualmente. Betty Edwards nació en 1926 en San Francisco, dedicó toda su vida a defender la creatividad y la confianza artística. Fue profesora en historia del arte, artista, pintora y dio clases en escuelas secundarias y en la Universidad de California en Long Beach.

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Hablemos de sus aficiones…

Supongo que por influencia de mis abuelos y padres, soy amante de la naturaleza y de los animales. Me agrada ir de excursión a la montaña, a esquiar, ir al mar, navegar, nadar.

Me interesa leer sobre filosofía, la psicología, la conexión, la comunicación entre las personas, el desarrollo espiritual. Yo pinto emociones y experiencias.

En su historial nos habla de una faceta artística, de la enseñanza, de la ilustración y de otras labores…

Durante diez años estuve trabajando en la Dirección de un departamento de arte, como creativa en los diseños de la Cabalgata de Reyes de Palma. Principalmente me encargaba de unificar conceptos, realizaba las maquetas, estrellas de tres dimensiones u otros elementos. Durante unos tres meses trabajando con herreros, carpinteros, para tenerlo todo a punto en la visita de los Reyes de Oriente.

Entre otras cosas, me he dedicado también a asesorar en la decoración de interiores, para algunos bares, restaurantes, discotecas, Zarabanda, Salero, por ejemplo. Interviniendo con las lámparas que yo misma diseño, paneles de luz o en barras, techos, paredes, murales, con cerámicas, fotografías o pinturas.

Llega ese momento en el que la entrevista y la fotografía se hacen a un lado y la necesidad de un café, nos reclama. Caminamos unos minutos hasta una de las terrazas que ambientan los bares en el exterior del Mercado municipal de Santa Catalina.

A todos nos sienta bien ese sorbo de cafeína y otra vez de regreso en casa de Beatriz, veo a Francisca fotografiando unas piezas de barro sobre un “canterano”…

Eso corresponde a una colección que compuse con fotografías, pinturas y con cerámica, en gres concretamente, sobre unas rosas, como símbolo del amor. Las rosas siempre un elemento al que he prestado mi atención en numerosas tareas.

Sigo observando pinturas que cuelgan en las algunas paredes y le pregunto a Beatriz por una serie en blanco y negro.

En la pintura cuenta mucho el estado de ánimo. Hubo un tiempo en el que viví de cerca la enfermedad de un amigo que tenía cáncer de páncreas y pinté lugares de cuando él era adolescente, en esos momentos sentí la necesidad de plasmarlos en tonos grises, blancos y negros, la situación me motivaba pensamientos encontrados entre la vida y la muerte.

En contadas ocasiones, ocurre y se produce un efecto inesperado, una obra te sensibiliza de tal forma que casi se te transparenta la piel como la muselina o como la fárfara, esa membrana fina que recubre y protege por dentro la cáscara del huevo.

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¿Qué definición haría de su personalidad?

Soy una persona que se busca continuamente en su interior, como artista me encanta experimentar. En el tiempo de pandemia he vuelto a regresar a esos ejercicios de búsqueda y he desarrollado ideas que tenía retenidas, me he podido concentrar, recuperar y aclarar pensamientos diseminados y aunarlos, esos dibujos laterales y otros proyectos semilla que por mi manera de ser, se cultivan en mis adentros.

Algunas de sus frases favoritas:

Cuanta más creatividad más libertad.

La creatividad es una forma de vida que te libera de lastres.

A los problemas, soluciones.

Proyectos a la vista…

Precisamente antes de la pandemia tenía una serie de proyectos que no pude desarrollar. Una serie de murales, con las pruebas de color preparadas bajo la dirección del decorador y diseñador de interiores con sede en Bruselas Axel Vervoordut . Decorar unos espacios en la Possessió de Son Terrassa de Orient, intervenir en habitaciones, en techos, paredes altas. En algunas cosas, me inspiré en el Palacio Nacional de Sintra en Portugal. Fue muy emotivo también dejar esparcir los pétalos de rosas, simulando la escena que reproduce Botticelli en su obra cumbre , “El nacimiento de Venus”.

Aunque tengo el beneplácito, espero la presencia del decorador para reunirnos y finalizar la tarea, tan pronto la pandemia lo permita.

Axel Vervoordt, nació en Amberes en junio de 1947 y es miembro del Salón de la Fama. Es diseñador de interiores de la casa de Kanye West y de Kim Kardashian y en la lista de sus conocidos clientes figuran Robert de Niro, Sting, Bill Gates y Calvin Klein entre otros.

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En los trabajos pictóricos de Beatriz, reluce la emotividad. Sorprende su dispersión alquimista que se expande sobre paisajes ceniza y deriva en un collage compuesto con elementos básicos o que se desenvuelve bajo la ancestral técnica de la encáustica, donde la cera actúa como aglutinante de sus personales pigmentos. Su amplia percepción del equilibrio entre el figurativo y el abstracto o el condicionamiento al que somete con su dominio cada una de las disciplinas que aborda. O a esos mensajes de apariencia metafórica, diluidos en poesías acrílicas y que transportan libros y que en su alegoría representan a esos mismos árboles que hubo que talar para fabricarlos.

Le propongo que me desvele algo de su anecdotario, y una sonrisa afectuosa se asoma en su rostro.

Cuando estudiaba en la escuela de arte, nos encargaron un ejercicio de dibujo y para confeccionarlo, debíamos elegir uno de los elementos que se exponían en unos estantes de nuestra aula y yo escogí el discóbolo. Me lo preparé, tomé unos apuntes, hice las mediciones y lo plasmé sobre el papel. La profesora observó con asombró el resultado final y me miró como extrañándose de que yo estuviera segura de lo que había entregado. Parecía que había utilizado un espejo y es que soy disléxica. Hoy en día no tengo problema porque domino perfectamente la situación, de hecho se ha convertido en una ventaja.

¿Qué artistas define como referentes o influyentes a lo largo de su carrera?

Cuando estudié cerámica, me interesé por Van Gogh y Monet. Iba a los museos y anotaba pormenorizadamente todo lo que veía, estudié con profundidad sobre los materiales que usaban, sobre la paleta de colores, me leí “Cartas a Theo” con el fin de comprender esos secretos que Vincent contaba a su hermano. Más adelante descubrí a Anselm Kiefer, me conmocionó su técnica, su atrevimiento, un trabajo evocador que me inspiró para realizar unos trabajos de collage. También admiro a Lucio Muñoz, a Nicolas Staël, o a Mark Rothko.

Hagamos un ejercicio de imaginación. Empecemos juntos una nueva obra ¿Qué ocurre?

En la actualidad un tema cualquiera puede darme la idea, una imagen para partir incluso sin rumbo. Uno tiene los conocimientos técnicos y percibe una simple señal, una inspiración y se tira de cabeza. Cada uno tenemos nuestros símbolos, nuestros impulsos, de nuestras experiencias que van formando un sedimento en nuestro interior y al ponerte el mono de trabajo toda esa maquinaria se pone en marcha de manera incosciente y si encima con tus pinceles, con tus espátulas, tus pigmentos, consigues transportar esa emoción, para quien la contempla, viaje o sueñe o simplemente se retenga a reflexionar o a pensar, quiere decir que somos capaces de comunicarnos, de estimular el pensamiento y el espíritu de nuestros semejantes.

Da valor a las relaciones humanas y a la búsqueda continua del viaje hacia el interior. Señala la sombra como elemento vital para descubrir lugares ocultos en las profundidades del alma, para descifrar un lenguaje oculto en un espacio al que denomina inspiración.

Cuando pintas, dibujas o esculpes, de alguna forma te estás confesando, estás mostrando una parte íntima de ti, que has divisado excavando en tus entrañas, en tu memoria. Es el lenguaje, la personalidad que cada uno imprime y transmite en sus creaciones.

Nos queda claro que cuando la pasión hace acto de presencia, cualquier movimiento o conversación nos enriquece y se multiplica por sí misma.

Tomamos unos últimos apuntes sobre algún viaje a Holanda y a Bélgica, sobre sus exposiciones en Frankfurt, Barcelona, Dusseldorf, Miami, Madrid, Bruselas, Shettland, sobre diseños, sobre ilustraciones, sobre los libros intervenidos u otras de sus colecciones, otras emociones, otras vivencias y tanto más que siempre quedaría por contar.

Junto a la puerta, Francisca revisa una a una las imágenes captadas con su cámara y yo guardo mi cuaderno de notas. Nos despedimos de Beatriz y el agradecimiento es mutuo.

No hay una sola nube en el cielo y la alegría de la primavera resplandece en todos los espacios que la vista puede alcanzar.

Textos: Xisco Barceló
Fotografías: Francisca Sampol

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