Desde su nombramiento como consejero delegado del Mallorca Soccer, Maheta Molango no ha dado casi ni una a derechas. Su especialidad ha sido vender motos y lo mismo defiende ahora a Vicente Moreno que en su día lo hizo con Fernando Vázquez, Gálvez u Olaizola. Más grave resulta que quiera colarnos que tanto él como sus jefes albergan cualquier tipo de sentimiento mallorquinista y lo saque a colación cada vez que hay que poner dinero. La verdad es muy diferente. Pagar las deudas y liquidar a los acreedores ordinarios en plazo es parte de las obligaciones que Sarver y sus socios adquirieron al comprar las acciones de Utz Claassen. Al alemán le salvaron la vida, si; pero al Mallorca ni hablar. Nadie les forzó a pagar casi 21 millones por unos títulos que valían bastante menos, ni les quedó otra que apechugar con los 8 perdidos en su primer ejercicio, otros 5 en el segundo y los 10 que haya que soltar ahora porque todo eso ya venía en el paquete. Aquí de salva patrias estamos hasta las narices.
Lo que tendría que explicar a los aficionados es por qué ofende a los copropietarios del Lluis Sitjar al pretender que el valor de las participaciones del club es distinto al de los demás. Por qué ha liquidado determinados iconos o cómo transcurre en los juzgados de laboral la demanda interpuesta por Manolo Molina, uno de los damnificados por hacer bien su trabajo. En otro orden de cosas si la verdadera poseedora del club, Liga ACQ Legacy Partners LLC, tiene intención de transferir a la Fundación el nombre y los derechos de uso del estadio de Son Moix para preservar de verdad a la institución de futuras operaciones de compraventa. Si algún día se aclaran estas y otras cosas, entonces quizás cambiemos de opinión, pero la palabrería no nos convence.






