Mi última oportunidad

Escribo esta columna sentada en una de las terrazas del Borne de Palma. Sí, una de esas que el nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de Palma quiere quitar. Lo hago, siendo sincera, más por el morbo que por necesidad porque, para que negarlo, estaría mucho más cómoda en el despacho de casa.

Sin embargo, y puesto que puede que sea mi última oportunidad de escribir unas letras desde estas terrazas, he decidido animarme y ‘hacer historia’. Y es que de no cambiar las cosas, esta mesa en la que descansa mi sufrido y querido teclado del portátil y esta silla que aguanta inquebrantable mi generoso peso veraniego, serán historia dentro de poco.

Es cierto que, aunque la idea del nuevo equipo de Cort de retirar las terrazas se llevara a cabo, yo podría seguir escribiendo desde esta zona de Palma. Eso sí, en lugar de tener un portátil y un ratón en las manos, me tocará tener una navaja en la boca o, más apropiado para mí, un spray pimienta anti robos, anti violadores, anti de todo.

Y es que si algo habían conseguido estas terrazas del Borne, nos gusten o no, es que chicas como yo se atrevieran a pasear por aquí pasadas las ocho de la noche. Si las quitan ya les digo que o voy preparada o por aquí no me ve ni el Tato.

Por si acaso aquí me he venido, a escribir unas letras que puede que no me lleven a ningún lado. De momento me ayudan a plantearme el porqué de esta medida. Cierto es que todo el mundo tiene derecho al descanso y a que no haya excesivos ruidos pero, señores, ¿para que está la ley? ¿Acaso no les obligan a dejar de servir en la terraza y a bajar la música pasada la media noche? ¿Acaso cuando uno se va a vivir al centro no sabe a lo que se expone? Si lo que quieres es paz y calma absoluta entonces no te traslades al corazón de la ciudad que, si es una ciudad como Dios manda, estará latiendo a todas horas.

En fin, cábalas aparte, me distraigo observando a los turistas sentados en las terrazas mezclados, a la perfección con los ‘nativos’ que algunos dirían. Las terrazas del Borne, al igual que las de las Ramblas, son, desde mi punto de vista, una necesidad para conseguir mantener la dinamización de un barrio por el que, no hace mucho, daba miedito pasear.

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