No voy a mentir. No acudí a la rueda de prensa del pasado 14 de enero en la que se presentaba la nueva programación prevista para 2026 en el Museo del Prado en Madrid, para eso están los medios generalistas que le deben y rinden pleitesía publicitaria al Ministerio de Cultura. Por otro lado mis preguntas serían rechazadas o no serían contestadas, así que mejor no perder el tiempo y mejor refugiarse de la lluvia.
No obstante con gran respeto leo declaraciones de su director, Miguel Falomir, y sinceramente no puedo estar más de acuerdo: “Al Prado no le hacen falta más visitantes”.
Hace tiempo que no voy al Prado. Esta mal que lo diga, pero peor es estar como un gilipollas aguantando aglomeraciones como en el Black Friday en Primark o asistir a exposiciones diseñadas, planificadas y manipuladas con intenciones aviesas, para que me expliquen lo que ya sé, que esto del arte antes del siglo XXI ya era un negocio y como tal lo dirigían los hombres, o que las Academias y Gremios de Artistas eran núcleos masculinos cerrados y que las mujeres poco pintaban, porque ese no era su rol.
Si queremos rasgarnos las vestiduras por ello, cada cual es libre de hacerlo, pero alterar y manipular la historia según nuestra conveniencia política es un mal asunto y gran perdida de tiempo, y como la Maquina del Tiempo sólo es una novela de ficción de 1895 de Herbert George Wells, nadie lo puede cambiar. Se siente. Y si alguien quiere remover conciencias y preguntarse (o jugar) al “¿Y sí…? ”, pregunto “¿Qué hubiese pasado si Carlos III no hubiese apoyado la Independencia Norteamericana? o ¿Qué hubiese pasado si Hitler hubiese sido aceptado en la Academia de Bellas Artes de Viena?”. Como se ve es un juego entretenido que recomiendo con una botella de Johnnie Etiqueta Azul.
A lo que iba de Falomir y sus declaraciones sobre el exceso de público en el Prado. No puedo estar más de acuerdo. Con 3,5 millones de visitantes al año, demostramos al menos, ser más selectos que la horterada del Louvre con 9, los 6,5 del insufrible British o los 5,7 millones del Metropolitan de Nueva York. ¡Al Prado se viene a ver arte y no expolios, coño!.
La experiencia museística, como se le llama ahora, es una las grandes falacias que nos hemos inventado, transformando el espacio en parques temáticos de obligada visita, sin saber muy bien para qué.
Teniendo en cuenta la preocupante y lamentable querencia en Humanidades de la llamada generación Millenial y las que le continúan, en la que no saben, en España, por ejemplo, quienes eran siquiera los Reyes Católicos y lo que significaron en la historia moderna, para bien o para mal, que ahí no voy a entrar, ir a un museo es perder el tiempo. No conocer cual es la relación Arte y Poder en la historia universal hace imposible entender que es un museo.
¿Qué necesidad hay de ir a un museo si hoy por hoy puedes proyectar las obras de arte gratuitamente en el salón de tu casa desde tu ordenador?. ¿Sabemos que significa la presencia de un perro o de un mono en una pintura antigua sin preguntar a la IA que tampoco lo sabe?. Les aseguro que el cultureta Millenial no tiene ni puta idea, y dudo mucho que pierda el tiempo proyectando imágenes en su casa, para que su hijito de cuatro añitos, vea las diferencias entre el “Naufragio en el mar Helado” de Caspar David Friedrich y el “Naufragio de un carguero” de William Turner, a menos que quiera que el niño de cuatro años le odie para siempre ya que no sale Bob Esponja. Sobre todo porque el jodido Cultureta Millenial, tampoco tiene puta idea ni quien es Turner y mucho menos Friederich.
¿Saben ustedes lo mal que huele un museo masificado en verano?. Entre el metro en hora punta, un gimnasio de moda y una tasca de Kebbabs anda la cosa para que se hagan una idea.
Si la cosa va de hacerse selfies delante de cuadros, mejor comprar postales o hacerse selfies delante de las esculturas femeninas que hay en la calle, y comprobar como tienen desgastadas las tetas y el culo por tanto manoseo supersticioso de tanto cateto universal, en busca de la “buena suerte”.
Destaca en todo esto de los museos, la obsesión de los ayuntamientos para presumir de museo ha degenerado en una burda competición potenciada por influencers y guías de medio pelo: a ver cual es el más visitado, respecto a lo que se puede ver.
Para competir entre museos para saber cual es el más visitado como lugar de ocio y esparcimiento, se me antojaría más apropiado o divertido, comparar entre la Fleur Blanche de Paris o el Paradise en Stuttgart, sin olvidar el Racing de Burgos, el Bagdad de Barcelona, donde dicen que Magic Jonhson se contagió de VIH, o los desaparecidos Don Angello de Madrid o el afamado Mustang Ranch en Palma de Mallorca, y del que se cuenta que un conocido editor de la prensa local, tenía trufado de cámaras y las malas lenguas xarraores aseguran que tenía más de 3.000 horas grabadas.
Lo de la Oferta Cultural preocupa mucho a los ayuntamientos. A mi mucho más y me temo que las AMPAS todavía más, aunque teniendo en cuenta que cada vez veo menos diferencia entre AMPAS y HAMPAS , ya que lo solucionan todo por Whatssap, la cosa no tiene solución.
Falomir apunta que el 75% de los visitantes del Prado son turistas.
Eso es lo que preocupa de verdad.





