Como era de esperar, el Mallorca no movió ficha para destinar el ahorro de la ficha de Adrián Colunga al fichaje de un delantero centro de referencia. Digo esa demarcación igual que podría hablar de un defensa central porque la liga es larga y si se lesiona Yuste no sé qué puede pasar.
A riesgo de ser reiterativo y pesado, el caso del recién salido se convierte en la enésima prueba de que la tesorería del club empieza a tener muchas telarañas, que Robert Sarver no está dispuesto a invertir ni un euro más de los veintiún millones que invirtió y el proyecto no cuenta con fondos que justifiquen la euforia de unos y el servilismo de otros, aunque tampoco estaría de más conocer qué empresa ha llevado a cabo las reformas de Son Bibiloni en aras de la transparencia oculta bajo cristales tintados. Llegados a este punto surge la inevitable pregunta: aparte de salvar los muebles de Utz Claassen, no los del Mallorca, ¿a qué ha venido a Europa el magnate norteamericano?. ¿Pretende obtener mayor interés por esa cantidad que si la tuviera a buen recaudo en un banco o en otro tipo de inversión?, ¿se trata de una operación puramente especulativa a la espera de un comprador incauto?. Mientras la nave del misterio prosigue su travesía a la deriva, Molango puede hacer y deshacer a sus anchas contratando cómo, qué y quién quiera sin mas explicaciones que las necesarias para convencer al patrón?. Hablemos claro, si los nuevos accionistas no han venido en plan Marshall, no los necesitábamos para nada.
No, la baja de Colunga no es una historia más de un futbolista despechado con un entrenador que no le comprende y a quien, por cierto, nadie del club ha defendido. Que lo intenten vender así, vale. Como otras tantas cosas. Pero el mallorquinismo de corazón, no el sumiso ni el interesado, ya no traga motos, aunque le sirvan sapos y culebras.






