www.mallorcadiario.com

No se cierran las playas de milagro

Por Francesca Jaume
lunes 09 de agosto de 2021, 09:39h

Sí, ya sabemos que se tiene que intentar compaginar las restricciones para evitar contagios por coronavirus con la actividad económica, porque tardaremos unos años en recuperar el nivel económico de 2019 y el millón y pico de almas que habitan estas islas tienen que sobrevivir como sea. La presidenta del Consell de Mallorca Catalina Cladera lo ha repetido por enésima vez este domingo en una entrevista concedida a mallorcadiario.com. A pesar de ello, a nadie debería escapársele que sin salud no hay economía ni nada más.

Diga lo que diga la clase política, se percibe a nivel general mucha incoherencia en las restricciones impuestas, y sabemos que el motivo es la economía. A día de hoy parece que las limitaciones son totalmente estériles toda vez que existen multitud de situaciones cotidianas que propician la propagación del COVID-19 a la velocidad de la luz.

Ya sabemos que los sentidos muchas veces engañan al cerebro -a algunos más que a otros-, y en relación al coronavirus parece que, en las situaciones o espacios en los que se han eliminado las limitaciones, inconscientemente la gente ha interiorizado que son ámbitos en los que las posibilidades de contagio son inferiores o nulas. Pero esto no es así, porque la relajación no ha sido por autorización médica, sino por necesidad económica.

El ejemplo más claro lo tenemos en las playas. Como no existen restricciones de aforo, ni obligación de llevar puesta la mascarilla, ni exigencia de certificado COVID, existen pocos miramientos entre los concurrentes, y lo que vemos cualquier día de la semana es playas a rebosar de gente en las que no se respeta una mínima distancia de seguridad. ¡Como si fuera un terreno yermo de coronavirus! De poco le sirve a uno acudir a la playa temprano y buscar una zona libre, que en poco tiempo ya se verá rodeado de otros veraneantes, que, ejerciendo el mismo derecho de disfrute de este terreno de dominio público,han ido en busca de cualquier metro cuadrado en el que poner la bolsa, la toalla, la sombrilla, el carrito, la nevera y el reproductor de reggeaton. Resultado final: la playa como paradigma de la lata de sardinas.

Es imposible que las autoridades desconozcan esta situación que está a la luz de todos, pero la respuesta ya la sabemos.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
Compartir en Meneame

+

0 comentarios