Viernes noche en la Playa de Palma. La calle de la Cerveza, símbolo del turismo alemán más despendolado, parecía un poco menos salvaje… pero solo un poco. A las once, la Policía Local patrullaba con más presencia de lo habitual. Muchos agentes, aunque bien mirado había más policías alumnos, con sus hombreras rojas, que veteranos. Por un momento hubo 12 uniformados, cifra más que suficiente para vaciar la calle Pare Bartomeu Salvà de vendedores ambulantes.

Los vendedores subsaharianos, sin prisas ni nervios, se apartaban unos metros, dejaban pasar el tiempo y, cuando el uniforme desaparecía de su campo visual, volvían a ofrecer sus mercancías. La partida está clara y las reglas, también.
La imagen sorprende: terrazas llenas, pero la calle medio vacía. Años atrás, aquello era un hormiguero donde costaba avanzar entre la multitud ebria y sudorosa. Ahora, se ven bastantes menos turistas alemanes.

En los bares, grupos con camisetas de clubes de fútbol berrean canciones que nadie fuera de su círculo entiende, aunque se ven mesas vacías, algo impensable el verano pasado por estas fechas.
Un par de calles más allá, el paisaje cambia de acera y de negocio. Prostitutas africanas, casi todas nigerianas, trabajan en parejas, al acecho en las esquinas. El idioma no es problema: las señas son universales.

Los vendedores ambulantes, también africanos, ofrecen lo de siempre —diademas de luces, gafas imposibles—, a lo que ahora suman tabaco y vapeadores. También hay blancos vendiendo latas de cerveza y bebidas alcohólicas que las tiendas tienen prohibido servir a estas horas de la noche.

Pero no todo es sórdido y poco edificante. Hay terrazas, algo más alejadas de la zona cero, donde la gente cena y algunos fuman tranquilamente en pipas de agua, charlando a la fresca. No todo está perdido en s'Arenal, aunque casi siempre se destaque lo malo e ilegal.

Esa calma, sin embargo, dura poco. Basta acercarse al paseo, junto a la megadiscoteca, para entrar en otro escenario: cada centímetro del murete que separa el paseo de la playa ocupado por jóvenes alemanes bebiendo botellón, rodeados de bolsas, botellas y restos de comida. La basura, omnipresente, marca el territorio. Suerte que antes de que amanezca los operarios de Emaya lo dejarán todo en condiciones que volver a ser ensuciado.

Y, entre todo esto, algún borracho ya duerme de mala manera. Es temprano aún y todavía le quedan muchas horas a la noche, pero ya empiezan a verse bastantes víctimas de la ingesta abusiva y descontrolada de alcohol barato. Están a todas horas y nada les detiene.









4 respuestas
Alemanes, alcohol, prostitución, drogas (te lo dejaste), extorsiones y peleas. Estos son los que trajeron a los Hells Angels y con ellos venía el paquete entero, son una especie invasora que no está dispuesta a adaptarse. Como ven no me gustan nada.
Che, se olvidaron de Coca y Marìa, Heroìnas las dos, sin contar Can «Pastillas»……
Cierre de Megapark y muerto el perro muerta la rabia. A ver qué político tiene cojones !!!! Sin oferta no hay demanda y si permitimos más oferta, más demanda habrá. Así de simple. Y la Policía que deje de pasear y se vuelva más efectiva que dan pena….. sus salarios los pagamos todos, no la Administración y su burocracia. La efectividad de la Policía es nula, no cumplen con su obligación. No es escusa que «no les hacen nada si les detenemos «. Eso es harina de otro costal. El Policía que cumpla con su trabajo
Si es conta s ha de contar TOT. Tota sa raó aquests dos comentaris anteriors.