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Nueva Anormalidad

jueves 30 de abril de 2020, 06:00h

Los montes parieron un ridículo ratón. Compareció Sánchez para atizar un rollazo incomprensible, según su costumbre. Como dice Ignacio Camacho, cuando este Gobierno pretende hacer algo, lo primero que hace es buscar un nombre que suene bien: “Plan para la Transición hacia una Nueva Normalidad”, en este caso. Hay que decir que no es un invento de este Gobierno, sino una costumbre de la progresía internacional que quedó clara al menos desde que bautizaron al aborto como “interrupción voluntaria del embarazo”. A muchos en cuanto oímos semejantes locuciones antinaturales se nos enciende una alarma, pero con el bombardeo propagandístico normalmente cuela.

Lo más evidente es que esta “Nueva Normalidad” es Anormal. También podríamos decir que es Subnormal, porque por encima de lo anterior no va a estar, sino por debajo, bien por debajo. Pero hoy me he levantado conciliador.

El Plan tampoco es exactamente un plan. Algunas generalidades y un par de reglas: “ya iremos viendo”, podría ser una, y “lo que diga la rubia”, otra. Y la rubia es Iglesias. La Nueva Anormalidad consiste en que harán lo que les dé la gana y que el estado de alarma se prolongará aún más. “Ha nacido un tirano”, dicen algunos. Respecto a las propuestas concretas, no está de más recordar de nuevo la maravillosa escena de la película “Bananas” de Woody Allen, cuando el dictador comienza a detallar sus decisiones: “a partir de hoy, el idioma oficial de San Marcos será el sueco. ¡Silencio! Además de eso, todos los ciudadanos de San Marcos deberán cambiarse la ropa interior cada hora y media. La ropa interior deberá llevarse por fuera, para que podamos comprobarlo. Además, todos los niños menores de 16 años, tienen ahora 16 años”. Pues en este plan.

Recapitulemos: el Gobierno retrasó la adopción de medidas en contra de todas las advertencias, dejando que la epidemia cobrara unas dimensiones monstruosas. Como decía alguien por ahí, no es lo mismo frenar una bici que un trailer. Para frenar el trailer español hemos necesitado el confinamiento más estricto y prolongado. Ello ha provocado decenas de miles de muertos directos, y un daño terrible a la economía y a la salud física y mental de los españoles, lo que se traducirá en muchos más muertos indirectos, incalculables, y en la ruina del país. El Gobierno ha desperdiciado el confinamiento, no solo siendo incapaz de adquirir a tiempo los materiales de protección y tests necesarios, sino impidiendo que el sector privado lo hiciera, a través de prohibiciones, confiscaciones y control de precios. Tampoco ha sabido establecer las medidas necesarias para reducir el daño económico, sino al contrario, ha dictado medidas liberticidas y contraproducentes, como prohibir los despidos. Para redondear, hoy se publica que los comunistas preparan la mayor subida fiscal de la historia.

Como la gente, incluso los más adeptos, está harta y no aguanta más, empiezan la relajación de las restricciones a ciegas, porque no tienen información fiable debido a la falta de tests. Así que avanzaremos a base de prueba y error y confiaremos en la llegada del calor.

Llegados a este punto, detecto y comparto dos dudas fundamentales: la primera, si realmente son así de ineptos, o si provocan a propósito el caos para avanzar hacia la dictadura comunista -o una mezcla de ambas. La segunda, si podemos hacer algo por evitarlo, o si desde las elecciones ya está todo perdido.

No tengo las respuestas, pero sí sé que en cualquier caso la oposición debe organizarse y plantar cara para defender y tratar de reforzar la división de poderes. Creo que básicamente tenemos tres líneas de defensa que apartan al Gobierno del poder absoluto: los jueces, el Rey y la UE. Hay que defenderlas con prudencia y astucia, denunciando cualquier intento de debilitarlas, y tratar de que la crisis que se avecina posibilite un nuevo Gobierno, incluso encabezado por un socialista moderado.

La presión debería dirigirse hacia los nacionalistas, que a estas alturas podrán haber observado que Sánchez e Iglesias lo que quieren es todo el poder y no les van a dar ni agua. ¿Cargarán sobre su conciencia con los muertos y la ruina, asumiendo el coste electoral correspondiente, o apoyarán una moción de censura? Necesitamos un Plan para una Nueva Transición, sin Sánchez ni Iglesias, para sentar las bases de otros 40 años de democracia, mejorando ésta desde el rigor, la moderación y la defensa de los derechos y libertades de todos. Las crisis son también oportunidades.

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