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El ocio nocturno, bajo la lupa

miércoles 29 de diciembre de 2021, 00:00h

El anuncio de la suspensión de las fiestas de Nochevieja y Año Nuevo por parte de la discoteca BCM ha marcado un nuevo episodio en la accidentada evolución del sector del ocio nocturno a lo largo de la pandemia. La emblemática discoteca optó por suspender las citadas fiestas tras la publicación en redes de diversas imágenes donde se observaba el incumplimiento de la normativa Covid, en un momento especialmente crítico de aumento de contagios.

La empresa actuó con celeridad, apelando a la responsabilidad a la hora de tomar esta decisión, a la vez que añadía que resulta prácticamente imposible controlar a los clientes y exigirles el cumplimiento estricto de la normativa anti pandemia.

El sector del ocio nocturno ha sido uno de los más castigados por la crisis sanitaria. En Baleares, el sector ha permanecido clausurado durante más de un año por decisión del Govern, llevando al cierre definitivo a un total de 493 locales de los 1.500 que tiene el sector en la comunidad. Casi el 70 por ciento de las pymes del ocio y los espectáculos de Baleares se encuentran actualmente al borde de la quiebra.

Frente a esta dramática realidad, escenas de grupos bailando sin mascarilla ni distancia como las publicadas en redes o las comprobadas por los agentes de seguridad en las inspecciones de diversos locales han disparado todas las alarmas a pocos días de las grandes fiestas de final de año, llevando al Govern a advertir de cuantiosas sanciones -de hasta 600.000 euros- a aquellos que incumplan la normativa.

El ocio nocturno se sitúa así, una vez más, bajo la lupa de las inspecciones, lo que guarda toda lógica a la hora de garantizar el desarrollo seguro de sus actividades. La vigilancia, sin embargo, convendría extenderla a los lugares donde presumiblemente se concentren los botellones y las aglomeraciones incontroladas de multitud de ciudadanos -principalmente jóvenes- que quieran eludir los controles de discotecas y locales de ocio.

El sector reclamó durante meses mecanismos seguros para su reapertura. No en vano se le expropió la capacidad de trabajar sin que mediase ningún tipo de compensación o rescate por parte de las administraciones que decretaron su clausura. Ahora, superado el cierre y abierta la puerta a una reactivación segura, es momento de que todos ejerzan su responsabilidad, desde las empresas a los clientes, pasando por la propia Administración. Las alternativas no pueden ser un nuevo cierre ni los botellones callejeros.

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