Odisea de viaje

TOMMY FERRAGUT.- Más bien podría ser el título de una novela de Julio Verne, pero no, es la más pura y cruda realidad. ¿Ustedes han analizado alguna vez todas las cosas que debemos hacer para viajar en esta isla? Pues vayamos hacer un resumen.

Un día cualquiera, se te pasa por la cabeza que vas a viajar, sea por trabajo, por placer, solo, acompañado... Casi el 90% de las veces te sientas delante de un ordenador, lo enciendes y empiezas a buscar en diferentes webs los precios más convenientes. ¡¡¡Uy!!! De repente una oferta que te atrae, miras los horarios y te das cuenta que más que viajar es una auténtica p... Ahora entiendo la oferta, porque a esa hora no viaja ni el tato. Después de buscar y comparar encuentras algo que te puede venir bien. Le das al botón de reservar, y empieza un cuestionario de cosas que parece un interrogatorio propio para James Bond.

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Una de las preguntas que últimamente más gracia me hace es la relativa al "descuento de residente". Sí tengo derecho, pero últimamente lo pongo en duda ya que no es posible que irte a Madrid, por ejemplo, sea más barato que irte a Londres o Berlín que viajar por tu país con el "supuesto" descuento de residente aplicado a los vuelos nacionales.

Bueno, vas pasando el interrogatorio y llega la sorpresa. Le das otra vez a lo de reservar y lo que valía 10 ahora, por obra y gracia del Espíritu Santo, se ha vuelto 30. Resulta que por gestión de un billete electrónico, que tú te has buscado, que has sufrido esa batería de preguntas del cuestionario y por hacer tú el trabajo, aún debes pagar 24 euros por esta gestión. Otros 6 euros por pagar con una tarjeta de débito (que supuestamente no te deben cobrar ya que no es de crédito)y  ¡¡¡¡ahhhh!!  Que no se te olvide imprimir la tarjeta de embarque en tu ordenador y con tu impresora que si te olvidas eres nominado y expulsado sin pasar por la votación del público.

Llega el día del vuelo y suena el despertador. Ni se te ocurra decir 5 minutitos más. ¡Ni de coñá! Es incompatible los minutitos más en la cama y subirte a un avión, más que viajar es una decatlón en toda regla. Sales de casa con todo, o eso crees. Vas hacia el aeropuerto o en transporte público o con tu coche. Si la opción es la B debes tener cuenta que tienes que llevar el coche a uno de esos parkings que dejas el coche y te llevan a la terminal. Llegas a la terminal y sacas el GPS para buscar donde están los mostradores de la compañía en la que vuelas. Llegas después de un largo recorrido y debes de hacer el tonto serpenteando por ese circuito de cintas que se han puesto de moda. Por fin te presentas delante el mostrador donde, ley de Murphy, te encuentras con la persona más "simpática del mundo" que sin mirarte a la cara te pide todos los papeles, documentos de identificación y hasta la última declaración de Hacienda como te descuides. Allí ves como tu maleta es empapelada y maltratada dando golpes en ese tobogán donde la ponen.

Siguiente obstáculo, sacas otra vez el GPS para llegar a la zona de ‘control’. Ese sitio que como no llegues con tiempo no te subes al avión ni por asomo. Vuelves hacer el tontaina por el caminito ese de las cintas que tan en boga está en el aeropuerto, te encuentras alguien que escanea la tarjeta de embarque y amablemente de dice a qué mesa puedes ir a despelotarte. Sí, sí… lo han leído bien. En esos momentos que vas haciendo el ‘streptease’, de banda sonora alguien va cantado ‘cinturón, botas, joyas, carteras, tablets’...Si es la primera vez que viajas, no sabes si es alguien que te ofrece algo de estraperlo en plan zoco, pero no.  Casi en bolas estás más pendiente de donde están tus pertenecías que has metido en un supuesto scanner, pasas por el arco, que para mí es mejor decir que pasamos por el aro. Y de golpe ‘pipipipipi’. Un pitido dice que llevas algo ilegal. Y así, como quien no quiere la cosa, ya estás como si te hubieran crucificado y alguien que te está metiendo mano.

Después de pasar este obstáculo con gente que les ponen una placa que dice "Seguridad" se convierten en Rambos en potencia. Te vistes y cuando te pones el reloj te das cuenta que después de todo lo hasta ahora superado, no es nada.  Ahora te pones los patines y hacer un sprint final hasta llegar al avión.

No hay tiempo para Dutti Free, tiendas, cafés o etc. Y en ese momento del sprint te viene a la cabeza esos chistes de la foto de Julio Iglesias que te dice " Llegas tarde y lo sabes, corre más o te joden" y así, sin casi aire, llegas a la puerta de embarque con una pantalla parpadeando el mensaje  ‘Last Call’.  Entras en el avión y sin aire te intentas sentar en esos asientos que vas encajonado y piensas que después de todo esto, ir a las Olimpiadas está a un paso. Ya se sabe… o pasas por el aro y viajas así, o sacas las visa oro y vas en jet privado.

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