OPINIÓN

Palma en bucle, desmontan chabolas, se levantan mantas

En Palma tenemos nuestro propio Día de la Marmota. Da igual cuántas veces se actúe, las escenas se repiten como si nada. Dos ejemplos clamorosos lo demuestran: el poblado de Son Banya y los vendedores del ‘top manta’. Dos mundos distintos, sí, pero con una extraña coincidencia: desmantelas hoy, reaparecen mañana. Como los Gremlins, pero sin agua.

Las últimas escenas en Son Banya no tienen desperdicio. Después de múltiples intervenciones, lo siguiente que aparece no es una cabaña discreta, no. Es una caseta de45 metros cuadrados con una gran bandera de España, bien visible, como diciendo: “¿A que no hay narices de tirarla otra vez?”. Una especie de versión narco-patriótica del "aquí estoy yo".

Da la sensación de que algunos clanes conocen muy bien el calendario de actuaciones municipales del Ayuntamiento. Derriban una, construyen dos. Son Banya no es un poblado, es un gimnasio de resistencia institucional.

Y mientras en la periferia se reconstruye, en el centro de Palma se despliega. Las mantas del ‘top manta’ se extienden por el centro y por Playa de Palma. Policía va, manta viene. Pasean los agentes, se recogen los productos; desaparecen los agentes, reaparecen los imanes, los bolsos falsos y hasta gafas de ediciones especiales. Ahora, con la nueva ordenanza cívica, se prevé multar no solo a los vendedores, sino también a los compradores. Se espera que esta medida desincentive el consumo y contribuya a reducir la presencia de este comercio ilegal en la vía pública.

Los comerciantes legales ya no saben si pedir una rebaja de impuestos o una manta para competir en igualdad. Mientras ellos pagan alquiler, tasas y soportan inspecciones, otros montan su tienda en dos segundos y sin ticket de caja.

Los dos casos dejan clara una cosa: hay voluntad, sí. Pero resultados???. Porque mientras no se actúe con más continuidad, el mensaje que cala es simple: según quién seas, se puede desafiar la ley.

Palma necesita una estrategia de acción sostenida. Y si hay que hacer guardia durante 12 horas para que desaparezcan las mantas, se hace. No se trata de poner un policía en cada esquina, sino de tener presencia allí donde realmente hace falta. Porque si no hay otra manera, habrá que estar hasta que el negocio deje de ser rentable. Solo así se acabará con esta dinámica. Porque en esta ciudad, cada vez que alguien impone orden,  hay otro que responde con una manta… o con una caseta con bandera XXL.

Carolina Domingo

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Carolina Domingo

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