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Perspectivas de la lluvia

Por Josep Maria Aguiló
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jmaguilomallorcadiariocom/8/8/23
sábado 19 de diciembre de 2020, 02:00h

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Desde el comedor de casa, mientras estoy escribiendo ahora en el ordenador, oigo cómo cae la lluvia, una lluvia suave y tranquila. Es ya de noche. Las pequeñas gotas que caen del cielo —siempre caen del cielo— resbalan por las hojas de los árboles que hay cerca de casa. Yo creía, no sé muy bien por qué, que cuando llovía los grillos no cantaban, pero ahora mismo les oigo cantar, como cada noche, así que quizás hoy también canten porque en realidad también les gusta la lluvia. Como a mí, aunque yo no cante.

Por la ventana, entra una brisa muy leve y agradable, y me asomo. Quienes llevan paraguas andan sin prisas, sabiéndose bien protegidos, pero quienes han salido de casa o del trabajo sin protección aceleran el paso al mismo tiempo que intentan guarecerse debajo de una cornisa o del toldo de algún comercio. Ya dicen, y es verdad, que nunca llueve a gusto de todos. Que la lluvia nos guste o no depende, seguramente, de muchas cosas, como ocurre también a veces con el desarrollo de nuestras propias vidas.

Nuestra posible relación con la lluvia depende, por ejemplo, de su intensidad, o de si nos estamos mojando o no, o de si provoca algún tipo de efecto sobre el campo o la ciudad, o de si en ese momento nos encontramos esperando a alguien, y de si ese alguien es o no la persona amada, esa persona amada a quien en ocasiones —a lo mejor— podemos querer besar de forma apasionada, precisamente, bajo la lluvia.

El sentimiento que más solemos asociar a la lluvia, sobre todo si es otoñal o próxima al invierno, es el de la melancolía, aunque no siempre nos entristezca su observación. Algunos paisajes, si no todos, parecen hechos para la lluvia, pero yo creo que también parecen hechos para la lluvia los bosques, el mar o las ciudades, sobre todo grandes ciudades como Venecia, Nueva York, París, Londres o Madrid. En cierta ocasión le preguntaron a la gran actriz Ana Fernández qué es lo que más le gustaba de Madrid. Y ella respondió que el cielo y la lluvia: «Me gusta mucho la lluvia en Madrid… y ya cuando hace buen tiempo y puedes mojarte, y el asfalto está mojado y brillante, me encanta».

Ahora mismo, escucho cómo sigue lloviendo aún, suavemente. Dentro de unos instantes, veré de nuevo «Historia de un beso», de mi admirado y querido José Luis Garci, protagonizada, precisamente, por Ana Fernández y por Alfredo Landa. Curiosamente, la lluvia tendrá un papel decisivo a lo largo de toda la película, sobre todo en el nacimiento y en el desarrollo de su hermosa y melancólica historia de amor. Bien podría decirse que a veces hay días grises que nos iluminan el alma o que nos cambian para bien, días en que sentimos que nuestra vida es más vida y también mucho mejor. Misterios de los sentimientos. Perspectivas de la lluvia.
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