No hay nada más molesto en un autobús, en el avión o en el cine que el niño de las pataditas. Es en esos momentos en los que desearías tener algo de mano en el Kremlin, así, a lo Putin.

No hay nada más molesto en un autobús, en el avión o en el cine que el niño de las pataditas. Es en esos momentos en los que desearías tener algo de mano en el Kremlin, así, a lo Putin.