Un perro sobrevivió de milagro a una caída de seis metros a un pozo en Sant Joan, Mallorca. El pozo tenía agua. Y eso, paradójicamente, puede haberle salvado la vida. El animal había logrado mantenerse a flote apoyándose en unos palés de madera que flotaban en la superficie. No podía salir. No podía pedir ayuda. Solo podía esperar.
Cuando los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza asomaron la cabeza al pozo y lo vieron allí abajo, presentaba signos evidentes de extenuación y diversas heridas leves. Cuánto tiempo llevaba dentro, no se sabe. El suficiente para haberlo agotado todo.
TÉCNICAS DE RESCATE VERTICAL

La profundidad y la dificultad técnica del terreno hicieron necesaria la intervención de los Bomberos del Parque de Manacor. Los especialistas emplearon técnicas de rescate vertical para descender al interior del pozo y extraer al animal con seguridad.
No es el tipo de operativo que se improvisa. Es el mismo protocolo que se aplica cuando quien está atrapado en el fondo es una persona.
SIN DUEÑO LOCALIZADO, AL CEPAD
Tras el rescate, los equipos trataron de localizar al propietario del animal, sin éxito inmediato. El perro fue trasladado al Centre de Protecció d'Animals Domèstics (CEPAD) para recibir atención veterinaria y custodia especializada.
La Guardia Civil ha abierto diligencias policiales para esclarecer las circunstancias del suceso ante la posible comisión de un delito de maltrato animal. Cómo acabó un perro bretón solo en el fondo de un pozo es una pregunta que la investigación deberá responder.

UN PROBLEMA RECURRENTE EN BALEARES
El caso no es aislado. La Guardia Civil aprovecha para recordar una realidad que se repite en las islas: pozos y perforaciones sin ninguna medida de seguridad ni protección en zonas rurales que provocan periódicamente accidentes, tanto de animales como de personas.
La institución insiste en la necesidad de mantener este tipo de infraestructuras debidamente cerradas, protegidas y señalizadas. Una tapa, una valla, una señal. A veces es todo lo que hace falta para evitar que una tarde de domingo acabe con alguien en el fondo de un pozo, esperando que alguien pase y lo escuche.








