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Sant Llorenç: Lecciones aprendidas y asignaturas pendientes

miércoles 09 de octubre de 2019, 00:00h

Este miércoles 9 se cumple un año de la peor tragedia natural sufrida en la historia reciente de Mallorca. En pocas horas cayeron 237 litros de agua por metro cuadrado en el Llevant de la isla, desbordando torrentes que provocaron numerosos daños materiales y, sobre todo, cobrándose la vida de trece personas. Desde entonces, el nombre de Sant Llorenç quedó asociado a una drama sin precedentes.

Un año después, la tragedia deja una serie de lecciones aprendidas y también, por desgracia, asignaturas pendientes que, transcurrido este tiempo, aún no han sido superadas. Entre los aspectos positivos, cabe recordar la ingente labor que durante días realizaron los equipos de emergencias, los cuerpos de seguridad y el ejército, así como la inmensa ola de solidaridad que siguió a la riada y que movilizó a miles de voluntarios. Nunca antes se había vivido en Mallorca una movilización similar.

Así, mientras las infraestructuras básicas destruidas ya han sido recuperadas, aún está pendiente de cerrar el cobro de las ayudas prometidas. Govern y Consell han cumplido con su parte de la ayuda; no es el caso del Gobierno central del que sólo a Sant Llorenç quedan por llegar en torno a seis millones de euros que, de no pagarse antes de que acabe 2019, provocarán que el municipio no pueda acometer ninguna nueva inversión. Para el conjunto de los seis municipios afectados, la cantidad comprometida por Madrid es de 20 millones, de los que un año después sólo ha llegado 1,5.

A ello hay que añadir que la AEMET en Baleares sigue sin contar con todas las mejoras técnicas que Madrid apuntó como necesarias para mejorar la predicción meteorológica y que el propio Govern, por boca de la consellera Isabel Castro, admite que un año después del desastre "aún quedan cosas por hacer" en el ámbito de emergencias.

Además del dinero pendiente, es necesario acometer la redacción de los planes de emergencias municipales, los estudios relativos a las alertas de Aemet, la actualización pendiente del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación o la elaboración de nuevos planes para hacer frente a fenómenos meteorológicos adversos que permitan su integración con el Plan frente aI Inundaciones (Inunbal). Son elementos que pueden parecer demasiado técnicos, pero en su existencia se basa la capacidad de respuesta y anticipación ante tragedias como la vivida hace un año. Son lecciones que aún hay que aprobar para evitar, en lo posible, que una lluvia excepcional vuelva a provocar tanto daño y tanto dolor. Cuestiones que siguen teniendo la misma trascendencia que cuando, hace un año, se prometió actuar con toda la diligencia, todos los medios y toda la decisión posibles.


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