Sánchez gana en Aragón

Los analistas creíamos que el bipartidismo había resurgido, pero no sólo yerra Tezanos en sus pronósticos. En las elecciones anticipadas celebradas este domingo, se ha vuelto a colar un invitado, cuyo mayor mérito es mirarse en el espejo del Gobierno.

Visto lo visto, es tentador evocar a los dos grandes suicidios políticos de la Quinta República francesa, cuando Jacques Chirac en 1997 y Emmanuel Macron hace dos años, provocaron una complicada cohabitación en el poder, tratando de mejorar su representación en la Asamblea Nacional. Sin duda que, a María Guardiola, pero más aún a Jorge Azcón, les ha salido el tiro por la culata. Era importante dejar en evidencia a un ejecutivo que lleva tres años sin presentar al Congreso los Presupuestos Generales para su tramitación y tener fuerza moral para cuestionarlo, pero sabiendo que VOX trata de canibalizarles, como Podemos al PSOE hace una década, era casi una ruleta rusa anticipar los comicios. 

La ultraderecha, también existe extremismo en sus antípodas (aunque algún comentarista olvide citarlo en su crónica), quiere evitar el desgaste que comporta los límites económico y legislativo del poder ejecutivo y por eso abandonó en 2024 los gobiernos autonómicos que había coaligado con el PP. Desde esa cómoda posición y al rebufo del efervescente espíritu MAGA, los afines a Santiago Abascal casi se han duplicado, aupados por el creciente cabreo provocado por un líder socialista que se empeña en prolongar su agonía, a cambio de incumplir todo lo que prometió. El problema para los Populares, si quiere seguir en el edificio Pignatelli, es que tendrá que ceder a algunas exigencias de Alejandro Nolasco, quien fuera su vicepresidente, y que pueden revivir el Dóberman al que tanto evocan desde Moncloa. Aunque Azcón podría superar la investidura sin el apoyo explícito de VOX y la abstención del debilitado Aragón EXISTE, parece que se tendrá que tragar el sapo de una negociación áspera que, si llega a buen fin, no evitará que se vea amenazado por las presiones a las que le seguirá sometiendo su socio para seguir parasitándole.  

Dejando al margen la desaparición del histórico PAR, la bajada de Tomás Guitarte en su pueblo natal y en todo Teruel, el descalabro de Podemos en favor de la CHA (con un tercio de los votos obtenidos por SALF) y el escuálido veredicto de las urnas para IU-SUMAR (a pesar de la potencia de CCOO en la capital maña), ahora toca centrarse en la valoración socialista. En octubre de1996, tras 14 años de Felipismo y una pírrica victoria de José Mª Aznar, Alfonso Guerra pronunció la frase legendaria de que “nunca hubo una victoria más amarga, ni derrota más dulce”... hasta el pasado 8 de febrero. A pesar del fracaso de Pilar Alegría, es un alivio para Ferraz que no perforara el suelo que consiguió fijar Javier Lambán en mayo de 2015, con casi tres puntos porcentuales menos que la ex portavoz del Ejecutivo central. Además, aunque soy profano en los deportes de pelota, los goles en propia puerta se los anota el defensor que los marcó y no sólo los nuevos siete diputados de VOX en la Aljafería son el fruto de una política de confrontación y dirigida sólo a una parte del país y no exactamente a quienes le votaron. Pedro Sánchez y sus adláteres seguirán alarmando con la llegada de un partido reaccionario para tratar de no desincentivar más a sus correligionarios, pero lo que venden como un muro es el mayor acicate para el crecimiento de quienes canalizan su malestar en las urnas.

El Partido Popular va a sudar tinta para gobernar en España, porque las investiduras no deberían peligrar, ya que una repetición electoral no conviene a nadie, pero seguirá siendo rehén de un partido totalitario que no participará del gobierno, digan ahora lo que digan, para colgarse medallas doblegando a los conservadores de Génova y manteniéndose a buen resguardo en la oposición, como en Illes Balears o la Comunidad Valenciana. Mientras sigamos votando en contra del oponente, sólo el recambio en la estrategia polarizadora promovida por el actual número 1 del PSOE, al estilo del nuevo presidente luso, Antonio José Seguro, terminará con el populismo de la ultraderecha. Como decía un desaparecido concejal palmesano: ”En política, el que no hace nada, nunca se equivoca”.

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