Sánchez y los fuegos de artificio

Hoy se cumplen, entre la indiferencia o desconocimiento general, 87 años del fin de nuestra infausta guerra civil. Durante el franquismo, la efeméride se celebraba bajo el grandilocuente título de “Día de la Victoria”, lacerante en tanto que suponía la culminación del colapso absoluto de la España de los años treinta, sociedad tan fracasada que había desembocado en un enfrentamiento bélico entre españoles, azuzado por un mundo dividido entre extremistas de derechas y de izquierdas, y por potencias totalitarias que usaron nuestro país como campo de experimentación y episodio piloto de lo que iba a ser la II Guerra Mundial. 

Curiosamente, Pedro Sánchez, que quiso usar el 50 aniversario del fallecimiento de Franco como pretexto para desviar la atención de los españoles de las múltiples causas penales que afectan a su entorno político y familiar -aunque el tiro le salió más bien por la culata-, parece haber pasado página de la guerra civil y el franquismo y centrado el punto de mira en un nuevo enemigo, idóneo para sus fingidas invectivas.

Por eso -y solo por eso- hemos cambiado la momia de Franco por Trump. Que se trate de una persona viva es, ciertamente, una novedad. Seguramente los asesores de Sánchez se lo han recomendado, visto el fracaso de hacer oposición a los restos mortales del dictador, cuya popularidad se ha disparado entre los jóvenes que no conocieron las miserias de la dictadura.

Trump reúne todos los requisitos. Aunque a mí me parece inclasificable políticamente, lo cierto es que se presentó como candidato al frente de un partido conservador; es intelectualmente inconsistente; miente -o cambia de opinión- cada dos por tres; por momentos parece estar completamente loco y, encima, responde con ira al postureo internacional de nuestro presidente del Gobierno,  que trata de emerger de la extrema irrelevancia en que le sitúan nuestros socios europeos. Trump amenaza a nuestro país con represalias comerciales y más allá, según amanece. Sánchez ha encontrado, sin duda, su cruz al otro lado del espejo. Ambos son el yin y el yan de cómo no hacer política en un estado democrático.

El espectáculo de fuegos artificiales del sanchismo va a incrementarse a medida que nos acerquemos a 2027 porque a las causas judiciales habrá que unirle los repetidos fracasos electorales en las distintas comunidades autónomas, la indecente política de excarcelación masiva de asesinos etarras, la regularización indiscriminada de inmigrantes ilegales y otras medidas de postración del Estado a los intereses de los chantajistas parlamentarios que parasitan al Gobierno a cambio de mantener al pelele en su poltrona.

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