www.mallorcadiario.com

Santiago López Valdivielso, el mejor director de la Guardia Civil

Por Joan Miquel Perpinyà
x
jmperpinyamallorcadiariocom/10/10/25
sábado 13 de enero de 2024, 05:15h

Escucha la noticia

Santiago López Valdivielso fue, durante ocho años (1996-2004), el tercer civil al frente de la Guardia Civil. El primero del Partido Popular. El primer director general no militar fue Luis Roldán Ibáñez, un socialista sinvergüenza y corrupto. Desató una brutal persecución contra el el movimiento asociativo en la Guardia Civil, encarcelando y expulsando a los agentes que sólo querían ejercer sus derechos constitucionales y que la Democracia entrase en las casas cuartel, como el sargento José Morata, a quien se le niega la justa reparación de su reingreso pese a la PNL aprobada en el Congreso en 2009. Roldán (QEPD), como es sabido, terminó por convertirse en un delincuente deleznable que no respetó ni a la Asociación Pro-huérfanos, que saqueó sin pudor. Terminó en la cárcel tras fugarse a Laos.

Le sucedió Ferrán Cardenal, que sólo estuvo tres años (1993-1996), hasta que el PP ganó las elecciones generales anticipadas, el tres de marzo de 1996. José María Aznar, que logró 156 escaños, lejos de la mayoría absoluta, tuvo que pactar con CiU, PNV y C. Canaria para ser investido. Nombró director general a López Valdivielso, que desde 1986 era diputado en el Congreso. Entre 1983 y 1986 fue procurador en las Cortes de Castilla y León, donde ambos se conocieron.

Los guardias civiles y su principal asociación, Coproper 6-J, no esperaban nada bueno de un dirigente del PP al frente de la Benemérita, pues siempre habían sido ignorados y los contactos institucionales habían sido muy esporádicos y superficiales. Pero López Valdivielso sorprendió a todos por su talante dialogante, su respeto por Coproper 6-J (luego rebautizada como AUGC), por su sensibilidad y por su carácter modernizador, sobre todo en una institución centenaria, militar, endogámica, cerrada en sí misma y muy necesitada de reformas.

El nuevo director general del PP no generó sobresaltos ni sorpresas con medidas radicales que el Instituto quizás no hubiera digerido bien. Usó la mano izquierda y poco a poco fue impulsando cambios que no generaron rechazo ni especial oposición entre los altos mandos.

López Valdivielso, un político de derechas que confesó ser miembro de la ONG defensora de los Derechos Humanos Amnistía Internacional y al que le correspondió dirigir la Guardia Civil durante ocho años donde el terrorismo de ETA estaba bien presente en la vida cotidiana del país, se mostró sensible con los derechos de los agentes.

En noviembre de 2002, cuando trascendió a la opinión pública que un agente destinado en el Puesto de Villafranca (Mallorca), había solicitado residir en un pabellón oficial junto a su pareja de hecho, también hombre, López Valdivielso ejerció su competencia y modificó rápidamente la orden general que prohibía a las parejas de gais y lesbianas convivir en las casas cuartel. Se trataba de una flagrante discriminación por razón de orientación sexual, contraria a la Constitución, que el director corrigió rápidamente, sin recabar los informes de los subdirectores generales. Según me confesó personalmente, o lo hacía de aquella forma, directa y sin consultas, o no se hubiera hecho, pues los generales –y quizás también sus superiores en Interior y Defensa– se habrían opuesto a normalizar la situación de las parejas LGTBI.

En aquella rápida decisión tuvo un papel destacado la entonces delegada del Gobierno en Baleares, Catalina Cirer, a quien siempre agradeceré su complicidad y sus gestiones en la sombra para que aquello se resolviera favorablemente para todos.

Además, López Valdivielso impulsó en 2002 la creación del Consejo Asesor de Personal (CAP), embrión del actual Consejo de la Guardia civil, donde están representadas las asociaciones profesionales, que fueron legalizadas en octubre de 2007 tras una manifestación de guardias civiles de uniforme, convocada por AUGC el 20 de enero del mismo año en la Plaza Mayor de Madrid. Yo lideré aquella protesta como secretario general de AUGC, siendo ministro Alfredo Pérez Rubalcaba y director general el también mallorquín Joan Mesquida, ambos ya fallecidos.

Pero cinco años antes, también tuve el honor de ser elegido vocal del CAP en las primeras elecciones celebradas en junio de 2002, cuando el ministro del Interior era Mariano Rajoy.

A raíz de aquello, tuve la ocasión de conocer personalmente al director López Valdivielso y puedo afirmar que conté, o eso creo yo, con su simpatía y comprensión. Meses más tarde, en diciembre de 2002, tras protagonizar la portada de la revista Zero con el titular ‘Soy guardia civil y gay’, además, conté con su protección. Así me lo transmitió personalmente y estoy seguro de ello, porque de no ser así, tengo la certeza de que habría sido víctima de toda clase de represalias disciplinarias por mi pública salida del armario, con el revuelo mediático que se generó.

López Valdivielso nos hizo otra confesión. En una comida en un restaurante en Madrid con miembros de la Junta Directiva Nacional de AUGC (entre ellos el entonces secretario general, mi antecesor en el cargo, Fernando Carrillo, Toni Fernández Lara, Jesús Santamarta (DEP) y otros dirigentes de la asociación), poco antes de dejar la Dirección General tras la victoria del PSOE en las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, tres días después de la masacre terrorista perpetrada por yihadistas en cuatro trenes de cercanías en Madrid, nos contó que pocas horas después de los atentados, él ya estaba convencido de que no había que buscar chapelas, sino turbantes. Y así se lo transmitió a sus superiores en el Ministerio del Interior, aunque no sirvió de nada.

No puedo dejar de citar aquí a quien fue jefe de gabinete del director López Valdivielso, Ignacio Cosidó, quien años más tarde sería director general del Cuerpo Nacional de Policía. También él jugó un papel muy importante en la modernización de la Guardia Civil, como estrecho colaborador del que puedo afirmar que, a mi juicio, ha sido el mejor director general que la Guardia Civil ha tenido.

La última vez que vi por casualidad a López Valdivielso fue hace años en la Estación de Chamartín (Madrid). Yo regresaba de hacer el Camino de Santiago y me alegré mucho de poder saludarle.

Aquel hombre menudo y con apariencia frágil, pero sólo en apariencia, fue un magnífico director y su memoria todavía perdura entre quienes estuvieron cerca de él, a sus órdenes. Hizo mucho por la Guardia Civil. Y por los guardias civiles, que son lo mejor que tiene la Benemérita. Ese colectivo de trabajadores abnegados cuya vocación de servicio y total entrega, a menudo no se valora como sería deseable. Y que casi nunca tienen a su nivel a sus máximos responsables políticos.

No es el caso de don Santiago López Valdivielso, un excepcional servidor público y una buena persona. Envío mis condolencias a su familia y amigos. Descanse en paz.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios