Sarah y el hodio

Ustedes conocen a los protagonistas del primer episodio de esta historia.  Él es Vito Quiles, un periodista que se dedica a importunar a políticos de izquierda armado con un micrófono. Algo parecido a lo que hacían Wyoming y los reporteros de Caiga quien caiga, aunque Quiles es más faltón y molesto. Empezó trabajando en el Congreso. Era el único que hacía preguntas incómodas al actual gobierno y sus socios, porque el resto de periodistas parlamentarios ha asumido que eso es algo de mal gusto y sólo se puede hacer con la derecha. Así que nuestra inefable Francina Armengol promovió una reforma a medida del reglamento de la cámara  que propició la expulsión del impertinente periodista. Ahora, como digo, anda molestando por las calles, y así se cruzó con Sarah Santaolalla, que colabora con Javier Ruiz y su programa Mañaneros 360 en RTVE.

Al día siguiente del encuentro, Santaolalla se paseó por platós televisivos con gesto afligido y un aparatoso cabestrillo, debido, según contó, a que Vito Quiles, además de incordiarla con el micrófono, la había agredido. Así es la extrema derecha, odiadora y violenta, especialmente con las mujeres que triunfan. Sarah explicó que había puesto una denuncia, y el pasado martes Marlaska decidió ponerle una escolta. ¿Tan mal estaba la cosa? Según los sindicatos policiales, sólo a una de cada cien mujeres cuyas parejas tienen orden de alejamiento se le asigna esa protección.

Había un par de problemillas adicionales. El auto del juzgado que resolvió la denuncia no encontró señales de la agresión y denegó la orden de alejamiento pedida. El informe del forense no detectó lesiones. Más aún, había un vídeo del episodio en el que se podía ver, con total claridad, que Quiles no había rozado a Santaolalla, y que era él el que había sido propulsado varios metros por el barrigazo de un acompañante de Sarah. A pesar de todo, ella seguía acudiendo a platós, donde otros participantes se solidarizaban con su agresión imaginaria y denunciaban el peligro de la derecha.

Todo acabó de encajar el miércoles. Pedro Sánchez compareció y dijo: «hablemos más de amor y menos de odio». ¿Se proponía reinaugurar Sauna Adán? Pues no, presentaba la herramienta HODIO para detectar y monitorizar el aborrecimiento y la agresividad en las redes. No es una iniciativa muy original: el kirchnerismo, en Argentina, creó el programa NODIO, dedicado exclusivamente a perseguir opositores. Que HODIO será un radar activado exclusivamente hacia la derecha (HODIO a estribor, podríamos decir) parece bastante obvio. De hecho en esos momentos el ministro Oscar Puente concedía una entrevista en la que ponía en duda la salud mental de la presidenta Ayuso, pero eso permaneció indetectado.

A continuación se celebró una jornada, y a la primera mesa, moderada por la ministra Elma Saiz (¿no tienen cosas más importantes que hacer los ministros?) acudieron Santaolalla y su cabestrillo: «soy una mujer joven que nunca he escondido que soy antifascista, eso es lo que verdaderamente les molesta». Ya lo saben, machirulos. Es de agradecer, en todo caso, que el Gobierno muestre tan claramente que, aunque su programa anti-odio pueda activarse con una trola (como una agresión imaginaria), puede tener efectos reales (como una escolta a costa de personas realmente amenazadas). No está de más, por cierto, recordar, que hace unas semanas fue realmente agredido en Vitoria un periodista de El Español por izquierdistas abertzales. Santaolalla dijo que era un «bulo», y que lo que pasó fue que «unos chavales celebran que los fascistas no lleguen a las aulas universitarias».

¿Es todo una nueva cortina de humo de Sánchez? Sí y no. Desde luego le interesa que no se hable de las pintorescas aventuras de la pareja de Iceta, que fue colocado como piloto en una filial de Globalia después de que Air Europa fuera rescatada. En 2021 compró armas a través de Koldo (¿?) e intentó introducirlas en la Moncloa (¿¿??) porque, al parecer, vivía allí con Iceta (¿¿¿???). Pero hay una preocupación adicional por parte de Sánchez. A pesar de que dedica ingentes cantidades económicas a controlar los medios, a pesar de que ha politizado RTVE hasta extremos que hacen parecer ecuánime a TV3 en comparación, no controla las redes. Por eso, desde hace tiempo se dedica a despotricar contra los «tecnooligarcas» (a pesar de estar enganchado a TikTok). Y, en la siguiente mesa de presentación del HODIO, la ministra de Igualdad, cuyo servilismo hacia el macho-alfa es total, dijo que «hay que poner límites a las redes sociales». 

De paso, el programa servirá a nuestro presidente para continuar estigmatizando a la derecha (que, como todo el mundo sabe, es de donde viene el odio) para que comprendamos que sólo es legítimo votar al progresismo. El pluralismo está muy sobrevalorado, y quizás alternancia también se escribe con hache.

Suscríbase aquí gratis a nuestro boletín diario. Síganos en X, Facebook, Instagram y TikTok.
Toda la actualidad de Mallorca en mallorcadiario.com.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más Noticias