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Saturación y furor por viajar

martes 06 de septiembre de 2022, 03:00h

Baleares ha vivido una temporada de récord en llegada de visitantes, algo que tras dos años de sequía absoluta por la crisis de la pandemia debería ser recibido con alegría y gratitud. Sin embargo, el discurso de los dirigentes de izquierda -especialmente el de Més per Mallorca- se ha mimetizado con el de las plataformas ecologistas que pintan de apocalipsis el escenario.

Lo que para el común de los mortales significa empleo, nóminas y estabilidad, para ellos es “saturación” y “masificación” de playas, carreteras y entornos naturales. Y, efectivamente, los números de récord se traducen en playas, carreteras y entornos naturales atestados de gente… Como en cualquier destino turístico del mundo.

mallorcadiario.com lo resumía este lunes en el siguiente titular: ¿Saturación turística?: "Como en el resto de destinos, viajar es barato", una idea que estos grupos no comparten (o desdeñan) pero que evidencia la inmensa hipocresía con la que se mueven, ya que critican la saturación de su tierra mientras se van a otros territorios a hacer lo mismo. Porque si viajar satura, satura siempre y en todas partes: si un alemán masifica las playas y las carreteras de Mallorca, un mallorquín satura las calles y monumentos de Roma cuando viaja a la Ciudad Eterna, para horror de los romanos si nos atenemos a esta visión del turismo. O cuando un mallorquín hace las maletas para irse unos días a Menorca o Ibiza, está saturando su propia tierra.

En cualquier caso -y huyendo de la demagogia y los análisis simplistas- lo cierto es que Baleares ha registrado una temporada alta histórica porque han confluido varios factores que conviene no obviar: una pandemia -que ha propiciado altos niveles de ahorro y un furor generalizado por recuperar el tiempo perdido-, unas compañías aéreas que permiten viajar a precios híper reducidos (lo que para la izquierda debería ser motivo de alegría, ya que viajar se ha “democratizado”) y una bolsa de alquiler vacacional no reglado que no para de crecer y que explica la capacidad de absorción de tantos visitantes de manera simultánea.

En decenas de pueblos del interior de Mallorca se ven aparcados por las noches multitud de coches de alquiler, a pesar de que en estas localidades no haya habido nunca un hotel. ¿Dónde están sus usuarios? Pues la mayoría en viviendas alquiladas al margen de la legalidad. Así pues, si la administración quiere poner coto a los turistas, debería empezar por la oferta alojativa irregular e incontrolada, que no redunda en impuestos y sí en consumo de territorio y recursos. No hacerlo y sumarse a la ola crítica contra la saturación no deja de ser un ejercicio de hipocresía que casa perfectamente con el ansia de sumar simpatías de cara a las cercanas elecciones.

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