Alemania ha abierto un nuevo debate ante la posibilidad de que Europa pague las consecuencias de la amenaza de Putin de provocar la extensión de la guerra contra Ucrania al resto del continente. El comunismo se basa en la exigencia de imponer, por la paz o con las armas, su filosofía asesina a todos los pueblos y naciones del mundo. Es lo que Marx llamó la dictadura del proletariado. Terminar con las armas con el ejército de la nación, la policía y la burocracia. Lenin lo explicó en su panfleto El Estado y la Revolución, que sigue siendo uno de los libros de cabecera de los comunistas de todo el mundo. El comunismo y el integrismo islámico coinciden en que la solución a sus problemas de existencia y de poder pasa por la aniquilación de los no creyentes. Los que no creen que sus filosofías y sus políticas son la solución de los problemas de una sociedad en manos de poderosos, ricos, empresarios, poderes fácticos y grupos armados como son el ejército y la policía. En la historia del mundo, nunca ha habido un solo país integrista ni comunista que no haya utilizado la guerra o el terrorismo como arma contra el liberalismo, la socialdemocracia, el fascismo y el capitalismo.
Ahora, este dictador de Rusia, pretende reunir otra vez a los pueblos de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en un nuevo imperio donde él sea el gran zar. Putin necesita ahora espacio vital, como Hitler, Mussolini o el imperio japonés en 1940, o como Marruecos en 1975. Para ganar espacio hay que invadir o conquistar. Invadir con las políticas de anexión como Marruecos o con la guerra como Israel, Yemen, Pakistán y los países del centro de África. Así lo hizo Putin en 1994, cuando se anexionó por la fuerza Crimea. Y han dicho la OTAN y todos los analistas de geopolítica internacional que lo de Rusia puede provocar un mayor conflicto armado. Dicen, que Putin se calmará cuando le dejen apropiarse de Crimea y de las cuatro regiones del suroeste del país. Pero esa posibilidad provocaría el miedo a un conflicto mayor que atentaría contra la OTAN, sus principios de bloque militar, sus intereses de defensa del capitalismo frente al comunismo y sus intereses comerciales en toda la zona. Por eso, los Estados Unidos piden una mayor inversión en armamento a todos los países de Europa. No dice que, son así de capitalistas, bastaría con que todo el dinero que habrá que invertir se pague a las empresas armamentistas de los americanos. Es decir, dinero para el país que vende su voluntad de paz, pero presentado el catálogo de nuevas armas necesarias para defenderse de las armas de los soviéticos.
Y en esta tesitura, Alemania hace caso a Flavio Vegesio quien, en el siglo IV después de Cristo, sentenció que si quieres la paz, prepararte para la guerra. Un principio que también trataron en sus obras pensadores como Sun Tzu, quien advierte de los problemas de la guerra, se gane o se pierda, y Maquiavelo. Sí, el del Príncipe. Maquiavelo escribió, también, un tratado de la guerra que nos enseña la importancia de una sociedad en la cual sus individuos están preparados para la guerra. Para Maquiavelo, la guerra es la extensión obligada de la política cuando esta no consigue cerrar un conflicto entre pueblos y naciones.
Alemania pide que vuelva el servicio militar. Yo lo aplaudo. No soy militarista, pero hice la mili en 1977, y desde que se acabó eso de pasarse un año haciendo el pavo en un cuartel, hemos perdido muchos de los valores que cualquier ejército conculca a sus soldados. Y eso ha perjudicado a nuestro país en muchas cosas, sobre todo en el respeto al que manda, sean tus padres, tus jefes, tu mujer o tu abuela. Se ha olvidado que las cosas se hacen por un fin concreto. Se ha perdido la voluntad de servir, de hacer el bien, de defender los principios de nuestra sociedad, incluso los que no compartimos. Yo propongo una nueva mili voluntaria, para hombres y mujeres, con contratos laborales que les permitan continuar en el ejército hasta su jubilación. La otra alternativa es la que los comunistas siempre aplican: ejército proletariado, obligatorio y sin orden, forzoso y con pena de muerte, si no lo haces.