A mí me gusta que en el Senado se hablen todas las lenguas del Estado español, las que figuran en la Constitución española. Me parece un síntoma de riqueza cultural, de tolerancia, que a la larga será buena para la convivencia de todos los españoles, que en la Cámara Alta se escuche el castellano, el catalán, el vasco y el gallego. Sin embargo, me parece un esperpento que precisamente ahora, con recortes económicos por todos lados, el Senado se gaste 12.000 euros por sesión para financiar las traducciones a sus señorías. No era el momento más adecuado para realizar este dispendio, pero los políticos, una vez más, no están a la altura de las circunstancias. Los políticos, queridos amigos, viven en un mundo diferente y parece que no son conscientes de la situación por la que atraviesan miles y miles de españoles. Muchos españoles no tienen dinero ni para ir al supermercado. El uso de los pinganillos en el Senado tenía que haberse aplicado en un momento de bienestar económico, no ahora. Me da la sensación de que el PSOE ha vuelto a impulsar esta historia para despistar a la opinión pública y que muchos hemos picado. Primero el tabaco, luego los pinganillos, y ¿qué será lo próximo?
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