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Si no entra en la Asamblea de Madrid, Iglesias debe renunciar a su paga de 5.316 euros al mes

jueves 06 de mayo de 2021, 00:00h

Junto a la aplastante victoria de Isabel Díaz Ayuso, las elecciones de Madrid han arrojado otra noticia de calado, como es la salida de Pablo Iglesias de la política. El líder de Podemos anunció la misma noche electoral el abandono de todos sus cargos políticos, tras el descalabro de la izquierda en los comicios y el particular mal resultado de la candidatura que encabezaba y que quedó relegada al último lugar entre los partidos con representación.

Iglesias no entrará en la Asamblea de Madrid y sigue la estela que marcó Albert Rivera al hacer lo mismo tras los malos resultados de Ciudadanos en las últimas elecciones generales. Las dos formaciones que cambiaron el mapa del bipartidismo en España pierden fuelle y posibilitan nuevos escenarios políticos.

El 4M ha sido el canto del cisne de Pablo Iglesias, quien abandonó la Vicepresidencia para intentar reforzar una formación a la que las encuestas situaban prácticamente fuera de la Asamblea de Madrid. Podemos ha mejorado ligeramente sus resultados respecto al 2019, aunque sus apoyos no han sido suficientes para que la formación no sea un partido residual en la comunidad de Madrid, circunstancia que Iglesias no ha tardado en interpretar como un fracaso personal ante el que sólo se podía presentar la dimisión.

Con la salida de Iglesias acaba un periodo en el que la formación surgida del descontento del 15M ha ido desgastándose con la misma celeridad con que llegó a la política. La escisión de los errejonistas, las disgregación en diferentes marcas territoriales con personalidad propia y el inevitable desgaste -directamente proporcional a la asunción de cuotas de poder en las instituciones- dejaron a Podemos reducido a una marca en la que Iglesias y su entorno parecían ser el único capital. La entrada en el Gobierno de coalición con Pedro Sánchez podría haber enmascarado la situación real de Podemos al auparle a un papel de gestión que facilitaba un gran escaparate para la formación, pero la progresiva pérdida de sustrato electoral reflejada en cada comicio no ha dejado de evidenciar un desgaste que ha tenido su colofón en Madrid.

Las elecciones que debían acabar con Ayuso han acabado con Iglesias. Con él debería acabar también un periodo en el que ha aumentado la crispación, la dureza del discurso, y en el que no han dejado de surgir polémicas, tanto personales como políticas -el chalet, la niñera, las causas judiciales...-, que han dibujado un perfil muy concreto del líder podemita; un perfil que no le acercaba precisamente al discurso de defensa de los intereses de los más vulnerables y los más necesitados que siempre utilizó.

Iglesias deja la política, pero pocos creen que el personaje dejará de estar presente en la vida pública y mediática. De momento, la última polémica que queda por resolver es si renunciará a su paga de 5.316 euros mensuales a la que tiene derecho por haber sido miembro del Ejecutivo durante 14 meses. Iglesias anunció que percibiría esta cantidad mensual "hasta entrar en la Asamblea de Madrid" -donde recibiría la correspondiente remuneración-. Ahora, al renunciar a recoger el acta de diputado regional, Iglesias podrá seguir cobrando su jugosa paga como exvicepresidente sin necesidad de hacer nada.

Tendría sentido que quien se autoproclamó como la voz de la calle renuncie a esta paga si, por una decisión personal, no quiere estar allí donde los electores le han situado. Especialmente en el momento de crisis, paro y ERTEs que vive el país. Sería ejemplar, aunque también es cierto que dar ejemplo no ha sido el verbo mejor conjugado por Pablo Iglesias en sus siete años de vida política.


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