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Símbolos franquistas, una revisión que debe encararse con el mayor rigor

jueves 15 de abril de 2021, 00:00h

El alcalde de Palma, José Hila, se ha comprometido personalmente con la revisión rigurosa del censo de elementos urbanos con referencias franquistas que, hace unas semanas, provocó una encendida polémica por los errores cometidos con el cambio de nombres de determinadas calles de Palma. Cort ya rectificó al paralizar el cambio de placas de forma inmediata tras advertir posibles errores y, sobre todo, tras la enorme tormenta que desató la actuación municipal, más allá de Palma e incluso de Baleares.

Ahora, Hila ha reclamado la revisión del censo en el seno de la Comisión Técnica de Memoria y Reconocimiento Democráticos, que es la que debe marcar los criterios para cumplir con la Ley de Memoria Histórica, garantizando a su vez que no se producen errores, pero tampoco injusticias ni ningún tipo de discriminación. El alcalde ha pedido a la comisión una revisión que muestre una especial atención a los cambios de nombre que afectan a las calles de los almirantes Churruca, Gravina y Cervera; los nombres de ciudades o municipios; y la dedicada al empresario Gabriel Rabassa -cuya inauguración fue presidida por el propio Hila cuando era teniente de alcalde- y de quien se pide ahora que se tenga en cuenta su trayectoria.

La nueva revisión la realizará un grupo de trabajo formado por miembros de la propia Comisión Técnica de Memoria, así como por representantes de la Comisión de Toponimia del Ayuntamiento de Palma y por historiadores expertos en memoria democrática de las Islas. Cualquier ciudadano podrá hacer consideraciones, pero el compromiso es que sólo se atiendan aquellas modificaciones que respondan a un riguroso criterio histórico.

Hila ha cogido la bandera y ha acelerado un proceso de revisión que deberá quedar concluido en el más breve plazo de tiempo posible. Se trata de que no exista posibilidad para nuevos errores y que la sustitución de unos nombres por otros no comprometa ni el prestigio ni la imagen de la ciudad, como ya ocurrió hace unas semanas cuando Palma protagonizó el mayor de los ridículos. Entonces, todas las miradas -y algo más- se dirigieron al alcalde, por mucho que fueran Jarabo y Jurado quienes, en primera fila junto a los operarios que cambiaban las placas, parecieran autoproclamarse ejecutores de tal acción.


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