Soy un patriota

En varias ocasiones me han definido como nacionalista español. Curiosamente lo han hecho los nacionalistas locales, estos que no son nacionalistas baleares sino catalanes. Nacionalistas de otro sitio, curioso. A lo que siempre he respondido que nada más alejado de la realidad. Me considero un patriota, un humilde patriota. Y es que confunden patriotismo y nacionalismo. Me gustaría aclararlo.

En mi opinión, el patriotismo consiste en el sano y desinteresado amor a la patria propia, un amor parecido, salvando las diferencias, al que se siente por el padre o por la madre. El patriotismo, no tiene por qué entrar en conflicto con cualquier otro patriotismo, como nadie necesita odiar al padre de nadie para querer al propio. Ni necesita convencerse de que la patria propia es la mejor, como nadie necesita afirmar que su padre es el mejor del mundo para quererlo. Es, simplemente, su padre, es simplemente su patria, y por eso los quiere. Tampoco es excluyente, y es perfectamente compatible con otros sentimientos similares. Es decir, un buen patriota no necesita dejar de querer a la propia región o a la propia ciudad, o incluso a otras naciones distintas de la propia.

La patria, al igual que el padre y la madre, no se elige, viene dada.

En cambio el nacionalismo es otra cosa. Nacionalismo es poner el concepto de la nación que se entiende como propia en el centro de todo el pensamiento político, económico, social, y hasta religioso, y condicionar toda la acción del hombre a él.

El nacionalismo necesita odiar a otros nacionalismos para afirmarse. Buscar un enemigo exterior como causa de todos sus males. El nacionalismo puede elegir entre una nación u otra. El nacionalismo puede diseñar su nación a la medida o inventársela: Más pequeña (como Cataluña respecto de España), más grande (como los inexistentes “Paises Catalanes” respecto a Cataluña). El nacionalismo puede llevar a quien lo practica a cerrarse al mundo para concentrarse en el estricto y celoso amor a lo que se considera la nación propia, convertido en centro de todas las cosas y única razón para vivir.

En el patriotismo tiene cabida el ciudadano, la libertad individual, la nación de ciudadanos libres e iguales. En cambio, en el nacionalismo las libertades ciudadanas son secundarias. El ciudadano se debe al concepto de país, nación, o lengua, como dogmas indiscutibles y centrales del régimen.

No conozco manifestación de nacionalismo en toda la historia de la que se pueda extraer una sola lección positiva para la convivencia y la armonía entre los hombres. No es de extrañar que en Europa el nacionalismo se enmarque en la extrema derecha. Se entiende entonces a Joan Puigcercós (ERC) cuando se le preguntó si eran nacionalistas o catalanistas: “Mire, en realidad, somos nacionalistas. Pero si nos denomináramos así, en Europa se creerían que somos un partido de extrema derecha. Por esto decimos que somos catalanistas.”

Compatriotas: Os deseo un feliz 2015 lleno de sano patriotismo. Lo vamos a necesitar.

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