Todos hablan, y bien, de Adolfo Suárez. Todos le recuerdan a él y a sus éxitos indiscutibles en la consolidación de la democracia. Pero a mi me parece una muestra más de la hipocresía de nuestra sociedad. Tanto hablar de su capacidad de diálogo y los mandatarios actuales ni hablan, ni dialogan, ni escuchan, ni negocian. Aquí mando yo, y al que no le guste, que se apañe.
Lo decía ayer Fina Santiago de la coalición Mes, “a ver si Bauzá aprende de Suárez y negocia”. Y ella, o los suyos, no acuden a la convocatoria de Bauzá para llegar a un acuerdo en la reducción del número y de los sueldos de los diputados. Dos no hablan, ni se entienden, si uno de ellos no quiere.
Respetar los principios, luchar por los ideales, ser fiel a uno mismo es lo peor que le puede pasar a un político. A la historia de Suárez y a la de esta España me remito. Ni el Rey pensó, ni organizó tanto, ni Suárez planificó, ni hizo tanto. Lo hicieron TODOS LOS ESPAÑOLES. Los de derechas y los de izquierdas. Los de la Falange y los Comunistas, los catalanes y los vascos, la Guardia Civil y los Ejércitos, los sindicatos y los empresarios, y también la iglesia católica. Todos construyeron esa democracia que ahora disfrutamos en libertad. Pero que el bosque no os impida ver la Luna. Suárez ha muerto enfermo de Alzheimer. Una de las enfermedades más dolorosas socialmente de todas. Los enfermos de Alzheimer sufren hasta que desconectan su memoria. A partir de ese momento, sufren sus familiares y allegados.
Mucha democracia, mucha foto de políticos y gobernantes y nadie, insisto, nadie, se ha puesto a solucionar el problema que padecen más 800.000 familias en España. No hay centros públicos que se ocupen de cuidar a esos enfermos. No hay plazas de hospitalización de día por debajo de los 2000 euros mensuales. No hay dinero para pagar esa atención y son miles las familias que deben aportar todo su tiempo, su esfuerzo y su cariño para que sus mayores vivan dignamente, aunque sea en un estado vegetativo, hasta el final de sus días. Háganle un favor al que luchó por sus derechos civiles y consiguió que se aprobase nuestra Constitución. Pidan a los poderes públicos que no recorten los presupuestos en asistencia social y que inviertan en centros pare acoger a estos enfermos, que como Suárez, ya no saben ni quiénes son, ni quiénes fueron.
Háganlo si quieren rendir homenaje a la memoria de Adolfo Suárez.



