Por un extraño fenómeno natural o social (el motivo aún queda pendiente de dilucidar) en Mallorca se ha invertido el orden natural de las cosas sin que de momento haya vistas de solución. Salvo contadas excepciones, en nuestra querida Isla de la Calma es el comprador que está al servicio del vendedor/empresario.
Pueden darse dos situaciones. La primera es tener que suplicar para que te atiendan cuando precisas de un servicio o mercancía, la segunda, más frecuente, es que tengas que ponerte de rodillas para la implementación o entrega correcta y total del servicio/mercancía.
Si uno ha superado la primera fase con éxito, es decir, ha conseguido que le atendieran eficiente y amablemente durante el proceso de compra, aún no puede cantar victoria porque queda lo más complicado, a saber, que te cumplan los plazos establecidos y que el servicio postventa repare los defectos observados antes de que uno haya visto casar a los nietos.
A partir de ahí, se puede optar por batallar, lo que produce un cansancio o destino de recursos excesivo -lo que da alas a los malhechores para continuar con sus malas praxis-, o callar y, a la próxima, acudir a otro profesional con la vaga e ilusa esperanza de obtener un mejor servicio.
En todo caso, uno se pregunta si en Mallorca esto de la crisis ha sido sólo un cuento (y la centena de miles de parados una fantasmada), y aquí todo el mundo va tan sobrado que puede permitirse tratar al consumidor de tal vil manera que no querrá volver a aparecer por el portal.
Después de leer este artículo puede que penséis que vengo calentita por algún suceso personal reciente, y no negaré que ello es verdad, mas, es la reiteración en el tiempo lo que produce hastío ante una situación demasiado frecuente.
Gracias a los que sí se portan bien. Que los hay.





