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El Dimonió

Cuando el Mallorca juega contra el Barça o contra el Real Madrid, suele ser habitual que algún aficionado isleño tenga el «corazón partío» en esas ocasiones tan especiales y señaladas, pues sabido es que hay mallorquinistas que al mismo tiempo son también «culés» o «merengues». En cierto modo, dichos aficionados suelen sentirse contentos sea cual sea luego el resultado final. Intuimos que tras el cinco a dos de ayer algunos de esos aficionados volvieron a sentirse una vez más de nuevo así.

Cualquier buen conocedor de las sanguinolentas andanzas cinematográficas de Jason Voorhees o como mínimo cualquier persona prudentemente supersticiosa, sabe bien que un viernes 13 no es el mejor día para hacer una excursión a una cabaña, pasar una noche a solas o, en el caso que nos ocupa, jugar un partido de fútbol. En cuestiones tan importantes como ésta, La Liga y la Real Federación Española de Fútbol deberían por una vez hacer piña, acordando que no se pueda jugar nunca en una fecha literalmente marcada siempre en rojo —que no en bermellón— en el calendario.
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