Campos. Esta playa, que se extiende a lo largo de 3,5 kilómetros, es una de las más emblemáticas del litoral mallorquín, ya que no sólo constituye el último de los arenales sin urbanizar, aunque hubo varios intentos en la década de los 80, sino que se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha ecologista por la preservación de los últimos espacios naturales de la Isla. En la actualidad forma parte de una extensa área protegida, lo que no es óbice para que en verano se convierta en una playa de afluencia masiva, con varias zonas en las que se practica el nudismo de forma habitual. La playa, que cuenta con servicios de primeros auxilios, hamacas, sombrillas y algunos chiringuitos, cuenta con seis búnkers militares abandonados que vigilaban la costa en previsión de posibles desembarcos durante los años de la guerra civil y la posguerra.





