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'Tuve más problemas al principio, sin activos ni crédito, que con la crisis de 2008 y la pandemia”
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"Tuve más problemas al principio, sin activos ni crédito, que con la crisis de 2008 y la pandemia”

A sus 74 años recién cumplidos, Tolo Servera sigue activo y al pie del cañón. “Es la única forma de mantenerse bien física y mentalmente”, anticipa. En 1975, creó en Palma y de la nada una pequeña empresa que hoy tiene 140 empleados y su sede en el polígono de Marratxí. Amante de la náutico y del mundo del caballo, Servera ha consagrado su vida a la empresa. Sus dos hijos, Miquel Àngel y David, están integrados en la empresa, lo cual para él “es un orgullo”. En su dilatada trayectoria, ha sido presidente de Afedeco, vicepresidente de CAEB, y es vicepresidente de Foment de Turisme y presidente-fundador de la Asociación de Distribuidores de Alimentos, Bebidas y Limpieza de Baleares (ADED). Servera es conocido por decir sus verdades sin ambages ni medias tintas, lo cual le ha proporcionado algunos enemigos íntimos, pero muchos más amigos, según confiesa.

¿Cuál es el origen de Distribuciones Servera?

Creé la empresa en 1975, poco antes de la muerte de Franco. Creo que en muchos casos la vida de las personas viene determinada por las circunstancias que rodean a uno. Ese fue mi caso. Yo trabajaba como delegado en Baleares de Cafés Monky, y tenía muy buena relación con la dirección de la empresa y con muchos de los clientes con los que trataba. En un momento dado, se dio la circunstancia de poder disponer de un pequeño almacén (una antigua cuadra de caballos) en la calle Sant Llorenç, en Palma, y ahí empecé yo solo, repartiendo cajas de café en un Simca 1200: primero 10, luego 15 y más tarde 20... Así fui creciendo. Ese pequeño almacén era propiedad de un amigo de un amigo. Como anécdota, recuerdo que facturaba a la antigua usanza: un papelito que entregaba al cliente, una firma, una copia y listos, sin mayores controles. El caso es que me gustaba lo que hacía y, sobre todo, intentaba aprender de los errores día a día. Como digo, empecé yo solo, y muy lentamente fui incorporando trabajadores a la empresa.

¿Qué tipos de producto son los que distribuyen?

Básicamente, distribuimos productos de alimentación. Concretamente, en un porcentaje muy alto, productos de corta vida (los llamados perecederos: lácteos, quesos, embutidos...) y congelados (somos los concesionarios en Mallorca y Menorca de los helados Frigo). Además, tenemos líneas de producto oriental (japonés y chino) y vending, máquinas expendedoras de cafés, zumos y cocktails de frutos secos. Nosotros fabricamos las propias máquinas y todo el producto. La empresa cuenta con infraestructura propia en Mallorca y Menorca y con una pequeña delegación en Canarias.

“La única forma de seguir hacia adelante es la ir de la mano con los trabajadores, conseguir su integración, implicación y ganas”

¿Cuáles son los principales destinatarios de esos productos?

El conjunto de empresas de distribución somos los encargados de proveer al 100% hoteles, bares, restaurantes, supermercados independientes, tiendas, colegios, hospitales... En nuestro caso, sobre todo abastecemos a hoteles y restaurantes.

En las últimas décadas, la economía mundial no sale de una (crisis de 2008) que ya está metida en otra (la pandemia)...

Esas dos crisis han sido graves, pero muy distintas entre sí. Lógicamente, nos afectaron las dos y lo pasamos mal, como casi todos los sectores. Por fortuna, en la empresa ya estábamos consolidados, con lo cual necesitas (que no es poco) la capacidad financiera para poder aguantar el temporal y resistir. La crisis de 2008 fue financiera y del sector inmobiliario, pero en Baleares no hizo sufrir en exceso al turismo; sin tantas alegrías, pero la Comunidad siguió adelante. En la crisis pandémica han intervenido muchos más factores. Esencialmente, diría, la sensación de tener que permanecer en casa encerrado. Parece que nos hemos olvidado de ello. En nuestro caso, al ser ‘sector esencial’ trabajábamos. A pesar de todo, con mis dos hijos -Miquel Àngel y David- teníamos que seguir gestionando la empresa, que sufrió unas pérdidas brutales. Para más INRI, el confinamiento (iniciado en marzo de 2020) nos pilló con los almacenes repletos ante el inminente inicio de la temporada turística. Tuvimos que tirar y malvender lo que no está escrito.

“Si el confinamiento y las restricciones severas se hubieran prolongado un año más, casi ninguna empresa hubiera podido aguantar”

¿Se planteó entonces la posibilidad de cerrar la empresa?

Si aquella situación inicial de confinamiento y restricciones fuertes se hubiera prolongado en el tiempo (un año más, por ejemplo) casi ninguna empresa hubiera podido aguantar. Fue una situación muy agobiante, porque no se veía la luz al final del túnel. En ese sentido, quiero agradecer al conseller Negueruela, a título personal y como presidente de ADEB, por la gestión que llevó a cabo de los fondos COVID, con total transparencia y de forma muy ágil y rápida.

En el mundo empresarial, uno debe estar preparado siempre para momentos difíciles, para las crisis (internas o globales).

Entiendo que sí. En ese sentido, diré que personalmente viví momentos aún mucho más complicados en los inicios, cuando la empresa apenas tenía activos ni crédito, con lo cual cualquier eventualidad se podía convertir (se convertía, de hecho) en un problema grave. En aquel entonces, no tenía capacidad para negociar nada. Recuerdo que a los dos años de haber empezado una empresa a la que distribuíamos quebró, y aquello fue muy duro para nosotros, que íbamos cobrando y pagando al día, como quien dice. Es como una tormenta en medio del mar: no es lo mismo estar en un barco de 40 metros que ir con otro de cinco. Recuerdo también otra situación muy significativa de los inicios, cuando tenía tres o cuatro trabajadores (chófer, comercial y oficinista). Tuve que reunirlos y decirles que en aquel momento lo tenía más o menos bien para poder pagarles la liquidación y cerrar. La sorpresa fue cuando no acabó ahí nuestra singladura, sino que entre todos ellos me prestaron dinero para poder seguir adelante. En alguna otra ocasión, llegaba día 1 del mes y no tenías capacidad para pagar las nóminas: en esas, te venía uno de los empleados y te decía: ‘Yo tengo 20.000 pesetas ahorradas. Tuyas son”. Eso sirve para hablar de lo que es la relación entre empresario y trabajador... Otra anécdota que recuerdo: en aquellos tiempos yo cambiaba de coche bastante a menudo, y la gente se creía que yo era millonario. Las más de las veces lo cambiaba (y lo hacía a final de mes) porque me veía en necesidad de vender el que tenía para poder tener liquidez para pagar las nóminas el día 1. Tengo el orgullo de decir que nunca en mi empresa un trabajador ha dejado de cobrar puntualmente, del mismo modo que tampoco ningún proveedor podrá decir que he incumplido nunca un acuerdo. Con el tiempo, todo ello te ayuda a tener un cierto crédito (no solo en las entidades financieras) sino también en el propio sector.

“El conseller Negueruela gestionó los fondos COVID con total transparencia y de forma muy ágil y rápida”

Curioso, cuanto menos...

Es totalmente real. Diré más: la única forma de seguir hacia adelante, sobre todo en este sector, es la ir de la mano con los trabajadores, conseguir su integración, implicación y ganas. Esa es la clave, no hay otro misterio. El empresario sabe que el trabajador quiere cobrar un poco más y trabajar un poco menos (es lógico: yo también lo quiero para mí), y todo eso hay que saber administrarlo. Por ello, muchas veces cuando veo determinadas normas que se aprueban, pienso que es un absurdo, porque solo sirven para enfrentar y crear mal ambiente entre trabajadores y empresa. Nosotros nos entendemos siempre. Cuando se habla de empresas que incumplen, no basta con hablar en genérico: hay que decir qué empresa o empresas en concreto. La empresa no tiene ninguna intención de tener conflictos, es de puro sentido común. Por otra parte, que se sepa, solo tenemos dos formas de vivir: trabajando en una empresa o hacerte empresario, que también trabajas... No hay más.

Su actividad, muy vinculada al sector hotelero y restauración; por tanto, al turismo. ¿Cómo prevé la temporada de este año?

Hemos empezado con una Semana Santa espectacular. Todos esperábamos que fuera buena, pero quizá no tanto. Para nosotros ir bien, significa volver a tener el volumen necesario de actividad, volver a contratar a los trabajadores que teníamos y que venga el número de turistas que necesitamos. Para que en Baleares podamos vivir el millón 200.000 habitantes que estamos aquí a día de hoy, tienen que venir los turistas que corresponda. Y me sabe mal por quien no opine igual. Siempre está quién no quiere turismo y no sé qué más. Creo que hablando tanto de turismo, de cambio de modelo y demás, nos haremos daño. Hace 50 años, yo trabajaba de guía aficionado y ya había entonces fenómenos que defendían la necesidad de un cambio de modelo turístico. Pero lo más importante (y triste, a la vez) es que cuando a esa persona le preguntabas qué plantearía como alternativa, se quedaba con la boca abierta. Hoy, pasa lo mismo. Y yo sigo planteándome en qué consiste ese nuevo modelo turístico. ¿Que en Mallorca se han cometido excesos? Sin duda. Quienes autorizaron, por ejemplo, la construcción de casas colgadas en la montaña de Port d’Andratx tendría que estar procesado. Pero por otra parte hay que decir que tenemos el territorio más preservado de España, también sin duda alguna. Las playas están mejor que nunca, porque hemos conseguido que el agua que llega al mar esté depurada al 100%, con excepción de los vertidos y averías del caso de Palma.

“Cuando se habla de empresas que incumplen, no basta con hablar en genérico: hay que decir qué empresa o empresas en concreto”

Tolo Servera es conocido por qué habla con claridad, sin subterfugios. No sé si ese hecho le ha conllevado problemas en alguna ocasión...

Hace bastantes años que estoy en el fregao. Fundé ABDE, de la que soy presidente, he sido presidente de Afedeco, vicepresidente de la CAEB, y lógicamente me he creado enemigos. En ocasiones, por aquellas iniciativas que llevamos a cabo, pero también a veces por cuestiones puramente personales. Hay más de dos que me quitarían de en medio físicamente, sin ninguna duda. Dicho esto, estoy plenamente convencido de que he hecho, a lo largo de todos estos años, de haber hecho muchos más amigos. No me arrepiento de mi trayectoria y de haberme posicionado cómo lo he hecho siempre. Si no fuera para decir las cosas como yo las veo, ya no hablaría. Si lo tengo que decir para quedar bien, mejor me callo.

Tengo en este capítulo una muy buena anécdota, que viene al caso. Había una huelga de transporte en España. El que fuera conseller de Presidencia del segundo Pacte, Albert Moragues, hizo unas declaraciones a la prensa en las que dijo que, aprovechando la coyuntura del momento, las empresas de distribución habían subido los precios de los productos. Un periodista me llamó para obtener mi reacción. Le dije: “Si el conseller demuestra un solo caso, uno solo, que demuestre esta subida de precios, yo dimitiré de todos mis cargos y pediré disculpas. Pero si no demuestra un solo caso, quién debe dimitir es el conseller”. Hubo varios días muy intensos desde el punto de vista mediático por este enfrentamiento. Así las cosas, el conseller me llama y me dice de vernos urgente, antes de una rueda de prensa. Nos reunimos en un despacho y convenimos que ambos nos habíamos excedido, nos habíamos pasado de frenado. Comparecimos juntos en la rueda de prensa referida, nos dimos la mano, y aquí paz y después gloria. Quedamos como amigos, a pesar de que hace muchos años que no sé nada de él. Cuando dejó la Conselleria, en 2011, me llamó y comimos juntos. Es uno de los políticos de más talla de los que he tratado.

“Cuando se habla de empresas que incumplen, no basta con hablar en genérico: hay que decir qué empresa o empresas en concreto”

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