No es que haya viajado mucho, pero algo hemos estado por ahí fuera y nunca me había pasado algo así, que les voy a narrar. Este viernes tomé el Metro en el Polígono con dirección a Palma, tras dejar mi coche en un taller. Mientras miraba alucinado el presupuesto que me entregaron reparé en que la máquina de venta de billetes de la estación, curiosamente, me preguntó mi destino, lo cual no es frecuente en otros lugares, sobre todo porque la lista de posibles salidas sería interminable. ¿Es que los precios de los billetes son diferentes según donde uno vaya? No, pero te lo pide. Pues le digo que a Jacinto Verdaguer porque había quedado a comer en un restaurante cercano. Cuando voy en el metro, me doy cuenta que en realidad había quedado en la Plaza de España y que después iría con mi amiga caminando hasta el restaurante. Llego a la Plaza de España y, sorpresa, no puedo salir. Lo intento, lo intento y no puedo. Es que el billete es hasta Jacinto Verdaguer. Ustedes verán: aviso al vigilante, quien, con ese aire típico de quien te va a perdonar la vida, me dice que me va a dejar salir, pero que el billete es hasta Jacinto Verdaguer. ¿Pero valen diferente los billetes? No, valen igual, pero sólo se puede ir hasta allí. Le cuento el sorprendente nivel de rigor de nuestras autoridades a la amiga con la que iba a comer y esta me dice a su vez que hace poco le pasó lo mismo yendo a Muro en el tren. Mientras viajaba la llamaron y rehizo su plan con lo que tenía que bajarse en Inca, que es más cercano y más barato, y la máquina tampoco la dejaba salir. Tengo que aplaudir al conseller de Movilidad, desde luego, porque esto no sucede en ningún lugar que yo conozca. Ni en el país más avanzado hacen estas estupideces. Obviamente, me parece correcto que con un billete para Inca no se pueda ir hasta Muro, pero lo del Metro y lo de no poder salir antes del final del recorrido es insólito. Y que en cuatro años nadie haya modificado el programa informático para acabar con este absurdo es increíble. Claro que esto no pasa en el coche oficial, ¿verdad conseller? ¡¡¡Qué raro que este sistema de máquinas de accesos al transporte no se hayan vendido en ningún otro lugar del mundo!!!





