Quien haya visto en el cine la obra maestra de Oliver Stone, “Un domingo cualquiera”, protagonizada por Al Pacino y centrada en la liga estadounidense de “football”, no de “soccer”, no tragará con el cuento de la filosofía “americana” del deporte. Si, esa de que no importa la clasificación sino el negocio. Todo lo contrario, cualquier indocumentado, deportivamente hablando, sabe que sin títulos, sin victorias, sin una posición destacada en la tabla, no hay negocio que valga. No, se equivocan si piensan que los campeonatos que allí se disputan constituyen una suma de pachangas.
Me sorprende mucho que a estas alturas del guión y a punto de comenzar los entrenamientos de pretemporada, aún nadie haya asumido el descenso con todas sus consecuencias. Llama la atención que los medios de comunicación dediquen grandes titulares a fichajes de futbolistas de medio pelo de acorde con la categoría en la que van a militar, ocupando el mismo espacio que en su día se dedicaron a profesionales de primera o segunda división. ¡Señores!, la renovación de Etoo no es lo mismo que la contratación de Grima, dicho sea sin el menor ánimo peyorativo.
En el club no han cambiado el chip, lo cual puede tener su lógica porque han de colocar en el mercado el mismo producto, aun conscientes de su ínfima calidad. Vale la campaña de abonados, publicitada sin coste añadido de manera harto incomprensible. La del Mallorca, por otra parte, bien diseñada más allá de su incierta efectividad. Todo eso forma parte de la obligación de cada cual. Otra cosa es que los demás tengamos que despertar ilusiones vanas, espectaciones inexistentes y dejemos de reconocer que el nuevo escenario se encuentra fuera del deporte de élite y el espectáculo que se nos ofrece no sea de tercera división. Un globo, de acuerdo; dos, lo toleramos pero tres, dejémoslo para aficionados. Es como si, en tenis, valoráramos con el mismo rasero el torneo de Wimbledon y el WTP de Santa Ponça.






