Los letreros de la fachada del 'Retrete loco' no engañan. Quien quiera comer en un restaurante situado en una de las calles más turísticas de Moscú tiene que sentarse, en vez de en sillas, en inodoros. Las mesas sí son normales, salvo alguna tipo bañera. Pero la sopa llega hasta ellas en orinales y se sirve en unos cuencos con forma de sanitario. Para rematar, la bebida estrella del establecimiento tiene un poco apetitoso color amarillento. Pese a ello, los comensales parecen encantados, tanto con la decoración como con el menú. El dueño asegura que el local se llena cada día. Su mayor sorpresa es que los clientes más entusiastas son los niños. Después de abrir tres casas de comidas que acabaron fracasando vio en China un restaurante con esta misma temática. Sólo ha tenido que adecuarlo a los gustos rusos para asegurarse el éxito inmediato.
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