“Amo Mallorca porque es una increible encrucijada de civilizaciones con una influencia internacional. Pero lo mejor de todo es su cultura auténtica”.
No lo digo yo, li ha dicho Michael Douglas. Entrados ya en el mes de julio nos seguimos preguntando si entre los visitantes de la isla de Palma -como dicen muchos peninsulares, periodistas, e incluso algún presidente de gobierno- se encontrarán los nuevos reyes de España. Instantes después del anuncio de abdicación de Juan Carlos I, del que este miércoles se cumple un mes, patronal y medios de comunicación empezaron a analizar si el cambio sería perjudicial para Mallorca. Las conocidas preferencias de la nueva reina consorte por otros parajes del estado sembraban el mayor de los temores entre hoteleros y restauradores. Este año se da por perdido, porque se asume que los recién estrenados monarcas se dejarán ver bien poco porque el calendario les obliga a realizar una tourné de contacto con otros jefes de estado. Aún así, lo que me pregunto es ¿Queremos realmente que vengan? Todos aquellos que en los últimos años se han dedicado a quejarse del lastre económico que supone la monarquía y lo mucho que cuesta mantener Marivent y Son Vent, ahora no deben de rasgarse las vestiduras si don Felipe y la madre de sus hijas convienen venir sólo unos días para cumplir con las obligaciones de la Copa del Rey de Vela y dejan de usar las instalaciones de Cala Major como su padre ya hizo con el Fortuna. Por otra parte, aquellos que están plenamente convencidos de las bonanzas de la España de las regiones, basada en una división en Comunidades Autónomas bajo el principio de “café para todos” -victoria de algunos partidos estatalistas para frenar las aspiraciones de las nacionalidades históricas-, si quieren ser congruentes les tiene que parecer bien que, por solidaridad, los Reyes se dediquen a promocionar con su presencia otros lares de la geografía española durante los meses de canícula. En todo caso, más allá de nuestros deseos, lo que está claro es que no lo decidiremos nosotros. Si fuera decisión mía pediría a Felipe V de Mallorca (Felipe de Habsburgo “el Hermoso” no reinó nunca en la Corona de Aragón) que venga él, y que deje que su esposa vaya donde le apetezca. Ya lo dijo el exteniente de alcalde de Palma Joan Bauzá (DEP): “No estoy de vacaciones, estoy con mi mujer”. Seamos prácticos. Al fin y al cabo, si reyes, príncipes, aristócratas, políticos, empresarios y esnobs vienen, será porque quieren verlo a él. Aunque, si una cosa tenemos clara en Mallorca, es que “qui comanda és sa madona”. El machismo sólo es de boca para fuera. Corolario: Hay que ir con cuidado con lo que se pide, porque a veces se cumple.





