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Una de "colas"

domingo 23 de junio de 2019, 03:00h

Las “colas” de la ITV para hacer la revisión obligatoria de los vehículos me recuerdan a las “colas” de ciertos aeropuertos en los que te asignan una línea de un color determinado para que, con la cabeza agachada, siguiendo con la vista el curso de esta (como si se fuera a borrar de un momento a otro) nos sometan al correspondiente control de equipaje.

Si hay suerte y te libras, sales directamente del aeropuerto con tu maleta en mano sin haber perdido más que esa hora aproximada que transcurre entre el aterrizaje del avión y el momento en el que asomas la cabeza en ese paisaje conocido de autobuses, taxis, autocares y el ruido de los carritos yendo de un lado a otro. Si no tienes demasiada suerte, te asignan un color y una línea en el que te vas a pasar un buen rato mientras alguien, con guantes o sin ellos, menea de un sitio a otro el Tetris que habías conseguido cuadrar en la maleta para poder cerrarla.

En la “cola” de la ITV pasa lo mismo, si tienes suerte te revisará el coche un empleado con muchos años de experiencia a sus espaldas y ganas de irse a comer; si no la tienes te tocará el empleado/a más joven con ganas no sólo de aprender, sino de encontrar “el fallo” que le permitirá suspenderte y ponerte un cero patatero en la ficha correspondiente para que tengas que repetir examen. Esa “cola” será por supuesto, más larga que un día sin pan (como decía mi abuela) y avanzará a un ritmo que nada tendrá que ver con las otras.

Estas son las “colas” extraordinarias, la que nos toca hacer de vez en cuando. En nuestro día a día sin embargo eso no se estila y el “hacer cola” ha sido sustituido por un sistema de turnos que consiste en coger un papelito con un número asignado que agarramos fuerte como si fuese un número premiado del gordo de la lotería, porque si se nos cae tendremos que vérnoslas con otras tantas personas que disimulan, a nuestro alrededor, sin hacer cola, pero que en realidad saben perfectamente quien ha llegado antes o después.

Si alguien en este País se dedicara algún día a contabilizar las horas que perdemos haciendo cola, o esperando con un papelito en la mano (para ir la médico, para dar de alta una línea de teléfono, para hacer cualquier trámite en la administración, para viajar, etcétera) nos daríamos cuenta del valioso tiempo que perdemos, no sólo por lo poco rentable que resulta a nivel global, sino por lo manifiestamente tedioso que es, a nivel personal.
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