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Una Navidad íntima y personal

jueves 24 de diciembre de 2020, 00:00h

Las celebraciones navideñas que comienzan esta Nochebuena también han quedado marcadas por las normas y restricciones decretadas para combatir el coronavirus. El canto de la Sibil·la que tradicionalmente se escucha en numerosas parroquias mallorquinas ha quedado reducido a un puñado de intervenciones, a la vez que han sido canceladas muchas de las misas de Matines que se debían celebrar esta noche.

La situación ha obligado a adelantar el horario de las misas y a reducir los aforos a un 30 por ciento del habitual, o a un máximo de 15 personas si la iglesia es pequeña. Nada escapa a la lucha contra el coronavirus. Tampoco los asuntos religiosos ni el tradicional canto medieval que, paradójicamente, anuncia el fin del mundo y el juicio final.

En un año de pandemia, las Navidades también serán diferentes. Se han suspendido celebraciones de profundo arraigo popular, algunas de ellas con un sentido que alcanza más allá de las creencias, a la vez que se produce un llamamiento a priorizar durante estas fechas los sentimientos de solidaridad en el contexto de dolor y sufrimiento que imprime la pandemia a nivel mundial.

La Cabalga de los Reyes Magos sin público o la suspensión de la Festa del Estentard en Palma adelantan lo que, en enero, serán unas fiestas populares de Sant Antoni y Sant Sebastiá reducidas al mínimo o directamente suspendidas, como ya se ha anunciado que ocurrirá en Sa Pobla, en Pollença -donde no se celebrará la popular subida al pi- o en numerosos pueblos de la Part Forana. Las tradiciones y las celebraciones religiosas quedan en un segundo plano cuando de lo que se trata es de evitar circunstancias que faciliten la expansión del virus.

También en días tan señalados como los actuales hay que minimizar los riesgos, conscientes de que siempre queda la opción de celebrar de forma íntima y personal el verdadero sentido de estas fechas.

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